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Por Laura Carlsen

“¡No somos una, no somos cien, pinche gobierno, cuéntanos bien!” El eslogan se refiere a la estrategia tradicional de gobiernos mexicanos, al minimizar la fuerza feminista decimando sus números: si participaron 50 mil, reportaron 5 mil, como si por arte de magia autoritaria se pudiera tachar el poder colectivo que está a la vista cada Día Internacional de la Mujer.

El 8 de marzo de 2024, otra vez miles de mujeres lo gritaron en las calles de la ciudad, bajo un sol candente, pero ya no tanto como reclamo sin como orgullo. Se calcularon 180,000 mujeres marchando sólo en la Ciudad de México, llegando a millones en todo el país. Una marcha masiva que demuestra la fuerza, la rabia y el nivel organizativo de las mujeres mexicanas.

La Ciudad de México es una de las ciudades más pobladas del mundo, pero la gran concentración del 8M no se logra meramente por su demografía.  También es una ciudad—y un país—con una larga trayectoria de lucha feminista y antipatriarcal. Las mujeres mexicanas han cruzado la línea y levantado sus voces durante la dictadura, frente el autoritarismo del partido único, y durante la malograda transición a la democracia de los gobiernos de la derecha. En estas fechas fueron recibidas con gases y garrotes.

En el 2024, con un gobierno progresista, vuelven a las calles para denunciar la violencia contra las mujeres que no ha dado signos de tregua en el país. Aunque las estadísticas oficiales reflejan una ligera baja en los feminicidios en los últimos años, la violencia feminicida—el continuum de la violencia contra las mujeres que puede o no llegar al asesinato—sigue y se profundiza. Según el Observatorio Nacional del Feminicidio, los contextos de violencia para las mujeres ahora son más graves y más complejos, y existe un subregistro de la violencia.

Para la juventud que marchó el 8 de marzo, la estadística es tema de los políticos. Su realidad es que casi todas han sufrido amenazas o ataques de violencia basada en género, o conocen a alguien cercana que la ha sufrido. Sus gritos:

“Señor, Señora, no seas indiferente, matan a las mujeres en la cara de la gente”, “No estamos todas, faltan las asesinadas”

Más que consignas políticas son expresiones de una realidad intolerable, una realidad que luchan por cambiar en todos los ámbitos—la casa, la calle, la escuela, el trabajo.Su mensaje es claro: Están viviendo en un ambiente hostil, y las medidas gubernamentales para mejorar la situación han sido ineficaces e insuficientes. Cada vez es más tangible la necesidad de espacios y herramientas de análisis que permitan leer estos contextos. Es por eso que en este 8 de Marzo JASS Mesoamérica ha lanzado el libro digital “Mujeres Cruzando la Línea: Reflexiones y Análisis desde el Poder Colectivo” el cual recoge en su contenido los temas prioritarios para nuestros movimientos basados en las cápsulas informativas de los primeros 100 programas de radio de Mujeres Cruzando la Línea

“Si no luchamos juntas nos matan x separado” se lee en una pancarta. Como parte de la protesta y la indignación, es el sentir de la sororidad y el desafío colectivo. “No me protege la polícía, me protege mis amigas” gritan en coro.

Esta es una estrategia central del movimiento de mujeres, no solo en México sino en toda América Latina. Frente a la indiferencia y la violencia del estado, llevan años desarrollando mecanismos y redes para protegerse mutuamente y responder a los ataques. Unas semanas antes de la gran marcha en la Ciudad de México, más de 100 defensoras de derechos humanos se juntaron para el 5to Encuentro de la Red de Defensoras de Derechos Humanos y Periodistas en México. La Red que agrupa más de 400 defensoras en todo el país, forma parte de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras, cofundada por JASS.

Desde hace 13 años, la Red funciona con un modelo de Protección Integral Feminista. Reciben reportes de ataques y amenazas, hacen análisis de riesgo, emiten alertas públicas para compañeras en riesgo, acompañan a casos de criminalización y violencia de género, organizan medidas de seguridad en casos graves. En su primer encuentro nacional en ocho años, las defensoras también compartieron la situación de violencia en que viven, y la impunidad que sigue siendo una carácterística que perpetua la violencia patriarcal. Del registro que lleva la Red entre 2020 al 2023, se documentaron 6,850 agresiones contra mujeres periodistas y defensoras de derechos humanos, y 33 feminicidios de defensoras. Ante esta realidad, refrendaron el pacto de tejer en red, bajo el lema “las redes salvan”.

Tanto en el encuentro como en las marchas de 8 de marzo en México es evidente el carácter autónomo de las organizaciones y los movmientos feministas y de mujeres. En un año electoral en que la política se vuelve partidaria, las mujeres expresaron su independencia. En México son dos mujeres quienes lideran la contienda por la presidencia del país. Aunque una es de la derecha y otra de la izquierda, en las calles el reclamo fue ecuánime: “Señoras candidatas, todos los días nos matan”.  A pesar de que historicamente el movimiento feminista se ha construido en el seno de las luchas progrestistas, el movimiento reflejado en la marcha se mantiene crítica en sus demandas por una vida libre y sin violencias.

La movilización fue encabezada por las sobrevivientes y madres y familiares de las víctimas de feminicidio y desaparición, quienes simbolizaban la voz de las cientos de miles de mujeres ausentes este día. Se via un movimento intergeneracional en que las jóvenes son la vasta mayoría, una juventud feminista que, aunque enarbola una amplia gama de demandas feministas, reclama una vida libre y segura. Cala hondo un mensaje repetido en los cartones escritos a mano en la marcha: “nos sembraron miedo y nos crecieron alas”.

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