"Una Solo Puede Ser Lo Que Es"

Daysi Flores

Vendí mi primer par de sandalias cuando tenía cinco años. Crecí en las calles del mercado de Tegucigalpa y fui a la escuela lejos de mi casa pero a unas pocas cuadras del refugio de los puestos, la bulla y la gente. No era una vida fácil pero la escuela y el mercado la marcaron para siempre. La inestabilidad fue lo único estable en mi vida: viví en  varios lugares huyendo de los maltratos a los que me exponía mi padre con su abandono. Sin embargo, no estaba sola, nunca lo estuve: Mi madre trabajaba día y noche para cuidarnos y mantenernos pero no podía; así que mi hermano y yo aprendimos a hacernos cargo el uno de la otra y eventualmente, de nuestro hermano y hermana menores y a veces…hasta de nuestra madre. Eso nos hizo compañeros de la realidad y nos fundió de una manera que aun es un misterio para muchas personas. Esa profunda conexión selló nuestras vidas: huimos juntos, lloramos, nos cuidamos, nos hicimos compañía, jugamos, retozamos y reímos. Todavía lo hacemos. A los 14 años, él decidió dejar la escuela para que yo pudiera terminarla. Y lo hice.

Una vez terminada la época de navidad, había poco trabajo en el mercado y la escuela no empezaba hasta febrero, así que visitábamos a mi bisabuela de 85 años en una montaña perdida al sur del país. El contacto con ella era profundo y la vida del campo nos daba un respiro. En enero de 1995, tuve que ir sola. De camino, un hombre intentó violarme poniendo un machete en mi cuello. Logré soltarme, luchar y huir de él: la odisea duró casi 2 horas montaña adentro. Solo escape de él porque mi condición física superaba, escasamente, la suya. Sin embargo, llevé mi cuerpo al límite, me lesioné fuertemente la espalda y mi alma quedó tan rota que no podía sentir nada. Mi madre sabía de la existencia de mujeres que apoyaban a otras que sufrían violencia y me llevó a un lugar llamado La Casa de la Mujer; ahí empecé a entender lo que me había pasado: que no era la única y que desgraciadamente tampoco seria la última. Fue así como me acerqué al feminismo y encontré un mundo que me mostraba alternativas y una fuente de conocimientos que respondían a la infinidad de preguntas que rondaban mi cabeza desde siempre. Poco a poco me fui involucrando más en el trabajo: me quedé con la organización por 8 años. Trabajé en diferentes comunidades y proyectos, la mayoría dirigidos a mujeres jóvenes como yo, con inquietudes, conflictos, violencias, deseos y esperanzas.

El amor y la esperanza han sido herramientas muy poderosas para sobrevivir y luchar contra todas las injusticias.  Así, desde mi historia en aquella montaña, he recorrido caminos aprendiendo de otras mujeres formas diferentes de ver la vida y de andar en ella. Ahora, Desde las diversas identidades que habitan mi cuerpo, como mujer, feminista, lesbiana, ingeniera, rebelde e irreverente; Cada día busco caminos para aportar y construir nuevas oportunidades, nuevas formas de relacionarnos entre nosotras y con la tierra. Me declaro en RESISTENCIA permanente y formo parte de Feministas en Resistencia: un aquelarre maravilloso de brujas que luchamos por la libertad, la democracia y en contra del olvido de los Golpes: todos. En particular, el Golpe de Estado perpetrado en Honduras el 28 de junio del 2009 y la continua violación de los DDHH que vivimos en esta dictadura. Porque con la claridad que dejan las luchas propias y colectivas,  desde el ombligo que me une a la tierra hasta el canto que surge de mis alas, como decía mi bisabuela: ¡UNA SOLO PUEDE SER LO QUE ES!