La lucha de las Defensoras en Mesoamérica

Entrevistador: Marusia, ¿cómo estás?

Marusia López: 

Hola, muy bien. Muchas gracias.

EntrevistadorUn gusto de tener un rato para hablar contigo. Te pido que te presentes un poco.

Marusia López: 

Soy una activista feminista mexicana, desde hace tres años viviendo de “este lado del charco” y trabajo en una organización internacional de educación popular feminista que surge de nuestras experiencias y de nuestra participación política y de solidaridad internacionalista en México y Centroamérica, el Sudeste asiático y el sur de África. Desde esta lógica de la educación popular, de aprender de nuestras luchas, de nuestro legado, de los movimientos y las luchas revolucionarias y de liberación en nuestros países de origen, hemos coincidido y hemos abierto un espacio de aprendizaje y de fortalecimiento de la voz y el poder colectivo de las mujeres en la lucha por un mundo con justicia social e igualdad.

En el caso de México y Centroamérica, somos parte de la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras que es una red regional que se creó en el 2010 un poco en respuesta de la creciente violencia política que estábamos viviendo en la región que en ese entonces se consideraba un lugar democrático, donde habían elecciones, donde se asumía que ya había pasado lo que en México decimos “la época de la guerra sucia”, pero que las situaciones estructurales que habían motivado todos esos periodos de dictadura, de guerra, de conflicto armado seguían ahí. Los poderes fácticos seguían ahí, las empresas depredadoras de los territorios seguían ahí, los militares seguían muy presentes en la vida pública y con la entrada del neoliberalismo y de este capitalismo salvaje que estamos viviendo ahora se volvió a recrudecer la represión y los ataques contra activistas, contra los movimientos sociales.

Ante esto nos dimos cuenta de que como mujeres activistas lo que estábamos sufriendo, la violencia de lo que estábamos siendo objeto, no estaba siendo lo suficientemente reconocida. No se estaba reconociendo ni la violencia más obvia: la criminalización, las compañeras que eran encarceladas o que incluso estaban siendo asesinadas, sino que tampoco se estaban visibilizando las agresiones que vivíamos en nuestros espacios más cercanos.

A veces en nuestras familias no se miraba bien que nosotras saliéramos a alzar la voz y dejáramos nuestro rol tradicional de cuidadoras para tener una participación política, o la violencia de las comunidades donde se nos difamaba y no se veía bien este liderazgo de las mujeres o a veces, lamentablemente, la violencia dentro de nuestros propios movimientos sociales como casos de acoso o falta de reconocimiento de nuestro aporte por parte de nuestros compañeros. Entonces decidimos abrir un espacio seguro de diálogo entre mujeres de muy distintos movimientos sociales (el indígena, el campesino, sindical, de los movimientos diversos feministas de la región, de la diversidad sexual) y tener un espacio de diálogo entre nosotras, para entender cómo la violencia contra las mujeres estaba siendo usado como un mecanismo de control social, de infundir miedo y de lanzar un mensaje al conjunto de las mujeres de que si alzabas la voz, podías ser difamada, ser asesinada, ser amenazada y queríamos crear además nuestras propias estrategias de protección.

Aunque queríamos aprender de los expertos, queríamos encontrar nuestras propias respuestas. De ahí viene la Iniciativa Mesoamericana que ahora es una red que integra cinco redes de defensoras de DDHH en México, Guatemala, Honduras, El Salvador y en Nicaragua. Son redes que tienen un mecanismo de respuesta urgente cuando una compañera ha sido criminalizada o amenazada, que responden haciendo una denuncia, habilitando recursos de emergencia, haciendo análisis de riesgo, pero, sobre todo, responde dando voz a las compañeras y acompañando su proceso; y construyendo con ellas las formas en las que consideran que necesitan protegerse. 

Entrevistador:¿Cuáles son las principales dificultades o los retos más importantes que os habéis encontrado a la hora de llevar a cabo el juntaros, el armar este proyecto y el ir fortaleciendo el papel de las mujeres y defenderlo? 

Marusia López: 

Cuando iniciamos y nos empezamos a juntar una de las cosas que fueron difíciles fue reconocernos como defensoras de DDHH. Muchas llevaban años haciendo un trabajo por la justicia social, por la igualdad, en contra de la violencia, pero no se reconocían como personas defendiendo DDHH. Parecía que eso era algo de los abogados o de las ONGs muy grandes, que eso no era a lo mejor de la compañera que estaba en el barrio luchando por el derecho al agua o que estaba en la comunidad impidiendo la empresa minera. Reconocernos como defensoras de DDHH, darnos ese valor, esa legitimidad, fue un proceso de autoreconocernos ese potencial. 

Después fue difícil reconocer estas violencias derivadas de la discriminación y de la violencia de género. Cuando alguna de nosotras era encarcelada o era criminalizada era fácil de reconocer. Cuando en una manifestación había un acto represivo o había amenazas por parte de una empresa privada o por parte del gobierno era fácil de reconocer.  

EntrevistadorO sea, una agresión externa era más fácil que ver las dificultades internas 

Marusia López:

Exacto. Cuando la violencia involucraba alguna forma de violencia sexual ya empezaba a ser más difícil reconocerlo, hablar de ello sin vergüenza, sin culpa. Cuando las violencias venían de nuestros entornos cercanos realmente nos dimos cuenta de que nos costaba un montón decirlo porque nos sentíamos mujeres empoderadas y cómo era posible que a nosotras también no pasara eso. Pero nos dimos cuenta y eso ha sido muy bonito, entender que no estamos ajenas al contexto que estamos viviendo, que el hecho de haber transitado por experiencias de liberación, de transgresión y de rebeldía no nos hacía ajenas a vivir las violencias que viven todas las mujeres. Reconocer eso nos permitió conectarnos de un modo más humano, más profundo y entender que si no trabajábamos y no combatíamos esas violencias, también era más difícil combatir la violencia del Estado, de las transnacionales.

Si en nuestras organizaciones no se nos escuchaba o estábamos en entornos donde se hacían bromas sexistas o donde había acoso sexual, también nuestra capacidad de respuesta a la violencia que venía de afuera era más difícil.

Finalmente, (una de las principales dificultades) que se nos reconociera la capacidad de encontrar nuestras propias respuestas, nuestras propias formas de protección. A veces había con las compañeras que estaban siendo más amenazadas una tendencia de algunas organizaciones a tratarnos como víctimas, a acercarnos organizaciones especialistas que está bien, pero se preguntaba poco qué era lo que nosotras sabíamos, dónde estaban nuestros propios poderes, nuestra experiencia y darnos esa autoridad de que podíamos encontrar nuestras propias respuestas. 

Ahora hemos hecho lo que se llama La Protección Integral Feminista que va de poder documentar las agresiones que sufrimos. Cuando empezamos había muy pocos informes de la situación que vivían las mujeres activistas y mucho menos lo que vivíamos en estos espacios más cercanos. Ahora tenemos un sistema de registro en los cinco países, donde vamos documentando lo que pasa; tenemos tres casas de refugio especiales para mujeres activistas y sus familias, habilitadas para si hay necesidad de salir un tiempo para bajar un poco el riesgo. Hemos trabajado también en el autocuidado, activismo sostenible o el cuidado colectivo que es ocuparnos de nuestro bienestar, de descansar, de tomar un respiro, de darnos el permiso de parar un poco y de entender que ese autocuidado es fundamental para que los movimientos sean sostenibles y puedan seguir sus luchas.

Pero cuesta salir de este activismo sacrificial. Más como mujeres que nos han educado como “seres para los otros”, para resolver necesidades de otros y cuando se trata de ver por nosotras mismas nos cuesta un montón.

Hemos trabajado mucho en eso y desde una lógica colectiva, porque el auto cuidado no lo entendemos sólo como tomar una clase de yoga. Es crear espacio entre nosotras, que todo ese aprendizaje obtenido de cuidar a otros también ponerlo en función de nuestras necesidades y poner en práctica lo aprendido de las compañeras de los pueblos originarios:  lo que significa la sanación, cuidar nuestros cuerpos, entender que nuestro cuerpo es nuestro primer territorio y que sanándolo y defendiéndolo también abonamos a la defensa del territorio y al cambio del sistema.   

EntrevistadorHas hablado de una “educación popular feminista”, ¿podrías profundizar? 

Marusia López: 

La educación popular tiene una larga trayectoria en América Latina. Paulo Freire es uno de sus representantes más famosos y seguramente él también ha resultado de un aprendizaje colectivo que básicamente lo que plantea es que tenemos que partir de reconocer nuestros saberes, nuestras capacidades, de hacer nuestros propios análisis. Es un aprendizaje que viene de la propia práctica que cuestiona el aprendizaje vertical que tenemos en las escuelas donde viene alguien a decirnos lo que tenemos que saber y lo que tenemos que aprender. (La educación popular) plantea que hay una experiencia colectiva y popular y un saber popular, colectivo e individual desde donde se construye el aprendizaje que es útil cuando es transformador. Es un aprendizaje que se pone en común para cambiar las situaciones de injusticia, de opresión para resolver las necesidades prácticas que tenemos en nuestros barrios, en nuestras comunidades. 

Algo que las feministas vimos en esta experiencia, otra vez, fue que nuestras voces no estaban ahí, que cuando se hacía el análisis de nuestra realidad no se veía lo que estaba pasando en la familia, en nuestras relaciones personales; que las voces y las necesidades de las mujeres no estaban siendo retomadas y entonces surge la educación popular feminista, que es abrir espacios seguros entre mujeres.

A veces no es fácil en espacios mixtos hablar de la violencia que estoy teniendo con mi compañero, o alguna experiencia de violencia sexual pues son cosas que a lo mejor lo puedo hacer con otra compañera, con otra mujer. Entonces, hay que abrir esos espacios con mujeres para compartir esas experiencias, para analizarlas de manera colectiva y para pensar juntas cómo podemos transformarlo. 

JASS se funda con educadoras populares de distintas partes del mundo que hemos aprendido de abrir estos espacios seguros entre mujeres, en barrios, en comunidades, etc. Nosotras lo que hacemos es nada más facilitar este espacio de aprendizaje colectivo y son las propias comunidades las que van construyendo sus propias estrategias. 

La protección más útil es aquélla que surge del conocimiento y de la propia experiencia que teníamos nosotras como defensoras. Me parece que entender así la protección y no como un chaleco antivalas que te pones y te quitas, un guardia de seguridad o una cámara, tiene mucho más sentido.  

EntrevistadorEl cuerpo es el territorio, ¿podrías profundizar en eso?

Marusia López: 

Ese es un aprendizaje que viene sobre todo de las compañeras de los pueblos originarios, que viene del feminismo comunitario donde el territorio no es nada más el lugar físico donde vivimos, es además donde descansan nuestros muertos, donde están nuestras ancestras, es el lugar donde hacemos comunidad, donde se construye nuestra experiencia de vida y que por lo tanto el territorio es parte viva de nuestra propia existencia y lo que pasa en ese territorio tiene un impacto en nuestro cuerpo, en nuestras vidas  y en lo que nos duele, en lo que nos esperanza.

Incluso podemos visualizar dónde nos duele el cuerpo y dónde le duele al territorio cuando lo explotan, cuando llega una empresa minera y lo depreda; lo mismo nos pasa en nuestro cuerpo cuando lo violentan, cuando somos agredidas o nos intentan callar. 

Entendernos como parte de una red de vida mucho más amplia donde estamos conectadas con otros seres de la naturaleza, hace que nuestros cuerpos dejen de ser una cosa aislada sino parte de esa red de vida. Es un aprendizaje que también ha venido de las mujeres sudafricanas. 

En Sudáfrica hay un aprendizaje que se llama corazón- mente- cuerpoque es una misma idea y hay un ejemplo que a mí me gusta mucho poner: las mujeres en Malawi, si no me equivoco, donde las medicinas retrovirales, en una zona debastada por el VIH, son de muy mala calidad y deforman los cuerpos. Cuando tú miras todo el sistema de las farmaceúticas y todo el capitalismo alrededor de los medicamentos expresado en un cuerpo que ha sido deformado, entiendes con mucha claridad cómo es que funcionan estas conexiones entre el cuerpo vivido y lo que pasa. 

A veces, con este aprendizaje más vertical o más patriarcal analizamos la política, la economía, todo lo que pasa afuera, pero cuando lo hacemos desde nuestras entrañas, cuando ubicamos eso que pasa en el mundo exterior, cómo afecta y cómo toca nuestras vidas y nuestros cuerpos, podemos entender mucho mejor cómo funciona el sistema y además, podemos reconocer por qué es necesario cambiarlo. 

Entrevistador:¿Cuáles son las principales causas por las que las defensoras de DDHH están trabajando? 

Marusia López: 

Algo de lo que podemos sentirnos muy contentas y como humanidad, es que la presencia de las mujeres en las luchas y en los movimientos sociales es cada vez es más fuerte, más extendida y más transversal. Hay mujeres alzando la voz por muy distintas causas y en América Latina las mujeres están representando un papel fundamental en la defensa del territorio porque como cuidadoras que somos, por mandato y también por experiencia, sabemos lo que significa que no haya agua limpia, o sabemos lo que significa que no haya tierra para cultivar. Lo sabemos porque nos toca alimentar a las hijas, a los hijos, por eso entendemos muy bien por qué depredar el territorio vulnera la vida de nuestras familias y de nuestras comunidades. Son las defensoras del territorio que además saben lo que es no tener tierra pues no tienen la tenencia de la misma y saben la importancia que tiene la tierra para la vida. Están poniendo el cuerpo para detener las expresas, las máquinas que llegan a sus territorios pero también para organizar la resistencia y también para enfrentar los impactos de la violencia que viene por la defensa del territorio, para sanar, para cuidar las comunidades.

En México las mujeres han sido fundamentales, por ejemplo, en la lucha contra la desaparición forzada. Hay por lo menos 31,000 personas desaparecidas y decimos “desaparición forzada” porque el Estado ha sido culpable por hacerlo directamente, por complicidad con los grupos criminales que lo hacen o por dejarlo pasar. Han sido las mujeres, las madres, hijas, abuelas de las personas desaparecidas quienes han ido a las fosas clandestinas a buscar los restos de sus familias; se han convertido en investigadoras, en ministerios públicos para reclamar justicia. En estos casos el gobierno ha dicho que seguro le pasó lo que le pasó por “andar metido en algo”, entonces para dignificar la memoria de esas personas desaparecidas han sido esas mujeres.

Y luego, la defensa de nuestros propios derechos. El derecho a vivir sin violencia, el derecho por la libertad de nuestros propios cuerpos, el derecho al aborto que ha sido un derecho que hemos peleado a veces muy en solitario, con poco respaldo de otros movimientos sociales; derecho a estados laicos donde no tengamos a las iglesias dictando en las escuelas dictando lo que es la salud reproductiva porque sabemos cómo eso ha matado a nuestras compañeras o ha encarcelado como pasa en el El Salvador, que una mujer por abortar puede tener una sentencia de 40 años que a veces ni los capos de la mafia tienen esas sentencias.

Entrevistador:¿Cómo tejéis esa red a nivel internacional?, ¿cómo os habéis conformado?  

Marusia López: 

JASS comenzó como una comunidad de aprendizaje, de compañeras y compañeros que venían de experiencias de educación popular pero que también venían de haber sido parte de la Revolución Sandinista, de la solidaridad internacionalista con Centroamérica; compañeras que habían tenido una experiencia luchando contra el Apartheid en Sudáfrica… en fin, la solidaridad internacionalista fue una de las razones que conectaron a estas compañeras y compañeros, que fundaron la organización y, siendo porte todas esas compañeras de otras organizaciones y siendo miembros de la organización internacional, fueron trayendo al espacio común esas luchas y la necesidad de fortalecerlas, las necesidades que había en las organizaciones y en los movimientos de hacer procesos de educación popular, de fortalecer el liderazgo de las mujeres y eso ha ido extendiendo el trabajo que hacemos ahora.

JASS ya es una organización bastante grande, con varias sedes en distintos países pero que surge finalmente de la voluntad de un conjunto de activistas comprometidas a la solidaridad internacionalista, sabedoras de que a veces la misma empresa minera que en Zimbabue está criminalizando y está matando a las activistas, es la misma que está en Guatemala; y de que como hay este poder trasnacional, esta captura corporativa de las instituciones, tiene que haber una respuesta internacional de defensa, anclada en las realidades y en los saberes que se gestan en los propios territorios. No una solidaridad asistencialista del norte hacia el sur, sino más bien una solidaridad guiada por los aprendizajes que desde los movimientos y desde la gente que está confrontando directamente la opresión se pueda dar.  

EntrevistadorUn poco la línea de lo que decías antes: la propia gente pone en valor su aprendizaje tanto en la lucha como en su vida cotidiana y que a partir de ahí compartan y no se dirija de un norte a un sur como muchas veces pasa. No tengo más que preguntarte por el tiempo pero ahí está el micro para que puedas decir lo que quieras.

Marusia López: 

Quizá sólo decir que viviendo ahora en el Estado Españolha sido para mí un aprendizaje muy bonito, ver que en las colonias, en los barrios también hay muchas luchas de resistencia; que el extractivismo también afecta este lado del mundo y que me da esperanza saber que esas luchas que estamos gestando y fortaleciendo en América Latina también se están dando desde acá y también se están dando desde acá en los pueblos.

Creo que articularnos desde esa solidaridad y desde ese aprendizaje colectivo me da esperanza y creo que al final vamos a transformar esta realidad en la que estamos. 

EntrevistadorMuy bien, te agradezco mucho que hayas querido charlar un rato con nosotros y ha sido un gusto.

Marusia López: 

Gracias a ustedes.


Entrevista realizada por Radio Malva el 31 de marzo 2019 


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