Juntando a las Mujeres

Mirriam Munthali

Mi nombre es Mirriam Munthali y lo que está en mi corazón ahorita es compartir con ustedes mi historia. Estoy aprendiendo sobre a contar historias como feminista, y me siento bien al respecto. Antes no sabía cómo escribir una historia, sólo leía o les daba mi testimonio a otras personas. Estoy contenta porque esta vez estoy escribiendo una historia para mí.

‘Contando mi propia historia…’

Me diagnosticaron como VIH positiva en 1999 justo después de haber perdido a mi esposo. Mi esposo no se enfermó, simplemente tuvo un dolor de cabeza por 10 minutos y se murió. Le dí seguimiento a su muerte en el hospital, y me dijeron que era una combinación de VIH, Malaria y Tuberculosis. Siendo joven y muy fuerte, en 1999 decidí hacerme la prueba del VIH. No estaba enferma, pero tenía la responsabilidad de cuidarme y de cuidar a nuestro bebé de un mes de edad. Fui al hospital Salva Nuestras Almas (Save Our Souls) en Lilongwe, y descubrí que era VIH positiva. Nunca había estado con otro hombre más que con mi esposo. También tengo muchas responsabilidades – cuidando a mi familia inmediata y a los hijos de mi hermano y hermana, lo que lleva a que seamos once en la casa. No es fácil pero al mismo tiempo he logrado graduarme de la Universidad Abierta Share World de Malawi (Shareworld Open University of Malawi), obtuve mi maestría en noviembre pasado y ahora estoy estudiando finanzas y administración de empresas.

Conocía a JASS en 2008 – tuvimos nuestra primera reunión en Lilongwe, y ahí es dónde aprendí más sobre el poder y esto me cambió. Aprendí sobre los distintos tipos de poder, el poder desde adentro, el poder sobre, el poder invisible. Solía llorar mucho pero ahora estoy siendo capaz de tomar decisiones y superar mis problemas a través de mi propio poder. No oculto mi VIH y no me arrepiento de compartir incluso mi nombre y foto. Durante la campaña Nuestros Cuerpos, Nuestras Vidas fui entrevistada para la televisión, y uno de los hombres del medio incluso me pregunto si quería ser presentada como una activista VIH positivo o como una luchadora feminista. Les dije que tenían que escribir mi nombre y mencionar que soy feminista y tengo VIH. Cuando revelo mi estado, a veces la gente me acusa de haber recibido dinero, pero no es cierto. Lo hago porque siento que soy un ejemplo para las mujeres más jóvenes, y que compartir mi estado puede ayudarles a ellas también. Estoy viva gracias a mi apertura.

La zona de la que vengo, Ngwenya, tiene una población de más de 68,000 personas. Yo trabajo con alrededor de 5,000 mujeres de distintas comunidades bajo la autoridad tradicional de Tsabango. De donde vengo hay mucho despojo de tierras y mucha violencia, estigmatización y discriminación contra las mujeres. Estoy haciendo mucho para cambiar eso. Documento las problemáticas de las mujeres y documento cada vez que son violadas, obligadas a salirse de la escuela o abusadas, y sé a dónde llevar a las mujeres a denunciar para generar un cambio. Escribo cartas a los centros médicos más cercanos para que las mujeres y hombres que quieran hacerse el examen del VIH puedan hacerlo. Y a veces escucho a las personas hablar sobre sus sentimientos, especialmente si no quieren que su estado sea revelado.

‘El feminismo se trata de juntar a las mujeres’

Yo junto a las mujeres. El feminismo se trata de juntar a las mujeres para poder hablar en voz alta y compartir experiencias sobre problemáticas y realidades de la vida, y levantar nuestras voces. Puede ser en torno a la violación marital, sexo, o despojo de tierras – todo tipo de historia. En mi país hay prácticas culturales dañinas, como cuando las niñas son entregadas a los jefes o pastores. Cada vez que un jefe o pastor llega a un nuevo lugar se les entrega una niña virgen para que se acueste con ella; a ellos no les importa que pase después o si la niña queda embarazada. Ellos simplemente dicen ‘es un bebé del espíritu’. Esto conduce a embarazos prematuros y abortos inseguros, y muchas niñas están muriendo. Las niñas son forzadas a abortar en riesgo porque no quieren al bebé. Una niña fue violada por un jefe durante 5 días consecutivos, y cuando descubrió que estaba embarazada vino a hablar conmigo. Traté de ayudarla, pero ella, desesperada, tomó un chuchillo y se lo enterró en la vagina para remover el embarazo, y murió posteriormente por el sangrado excesivo. Yo lucho por un cambio a través de promover los derechos de las mujeres y niñas, y ayudando a que las mujeres encuentren vías para decir ‘No’. Justo ahorita estamos empujando y negociando con el gobierno para que legalice el aborto frente a la cantidad tan grande de casos que hay. Muchas veces no conocemos la situación que está viviendo la mujer, y sin embargo moralizamos. Los abortos riesgosos se están realizando en la misma sociedad cristiana que predica sobre el amor y la compasión. El gobierno debe legalizarlo para que haya vías más seguras para las mujeres que quieran deshacerse de embarazos no deseados, y también cambiar las leyes para que desaparezcan las prácticas culturales que llevan a que las niñas sean violadas y puedan quedar embarazadas.

Los esposos de las mujeres con VIH muchas veces se divorcian de ellas por el estigma y la discriminación. Muchos hombres se rehúsan a utilizar condón, dicen que el matrimonio es para tener ‘sexo dulce’, “entonces vete si no quieres, no puedo comer dulces empapelados” (el ‘papel’ se refiere al condón). Las mujeres deberían poder decidir sobre estos temas. Los condones femeninos deberían estar disponibles para que las mujeres los puedan usar a escondidas. En Malawi si se venden condones femeninos, pero ¿Quién puede comprar condones femeninos si no puede comprar comida? Estoy cabildeando al gobierno para que les dé condones gratis a las mujeres. En la iglesia [mucha gente dice que] el condón no debería ser utilizado. A cada servicio llevo tres paquetes de condones y los pongo en el baño para mujeres y hombres. Al final del servicio reviso, y todos los condones se han acabado ¡La misma gente que es llamada ‘sagrada’ se lleva los condones y los usa! Por eso trato de educar a la gente en la iglesia, para tener sesiones allí mismo sobre el uso apropiado del condón, porque el VIH no discrimina.

Ahorita también estoy trabajando con MANERELA+ (la Red de Líderes Religiosos Viviendo con o Personalmente Afectados por el VIH y el SIDA en Malawi) y otras organizaciones para hacer que el gobierno nos dé el medicamento adecuado a las personas viviendo con VIH. Ahorita muchas mujeres tienen deformidades físicas por la medicina de baja calidad que nos están dando. Amamos a nuestros cuerpos pero las deformaciones están empeorando y empeorando, y están afectando cada área de nuestras vidas – algunas mujeres van a entrevistas de trabajo y no lo obtienen, o son discriminadas en su vida cotidiana.

Quiero ver cambios en las problemáticas que aquejan a las mujeres y sus vidas. Quiero ver al gobierno poner las cosas en su lugar para proteger a las mujeres y transformar estas situaciones. Cuando me di cuenta de que tengo derecho a mi vida y cuando JASS me ayudó a darme cuenta de que tengo el poder para exigir mis derechos, fue un cambio de vida para mí. Creo en el poder desde adentro y en el poder que tengo con mis grupos de apoyo.

Mirriam compartió su historia con la activista de Zimbabue Dudziro Nhengu en el taller de escritura de JASS Sur de África (Febrero 2013).