Enfrentando la Tradición

Sophorn Yit

Me casé el año pasado en el auge de las movilizaciones por la paz. Durante este tiempo, los grupos de mujeres en las movilizaciones por la paz formaron un equipo de paramédicas conformado por voluntarias, y de inmediato me uní. Pero esta decisión provocó nuestra primera discusión marital.

Mi esposo me prohibió unirme al equipo de paramédicas y a las protestas. Dijo estar preocupado por mi seguridad, pero yo estaba en desacuerdo con él. Le dije que el tema de mi seguridad no evitaría que yo fuera voluntaria y me uniera a las manifestaciones.

Después de esta experiencia, decidí hablar con algunos hombres camboyanos cuyas esposas también eran activistas, para conocer qué pensaban ellos del activismo de sus esposas. Todos me dijeron que el activismo de las mujeres era “una pérdida de tiempo”. Mi esposo dice que las mujeres son ingenuas y no pueden cambiar nada, a menos que un hombre esté liderando la organización o el equipo. Él dice que cualquier grupo o movimiento debería ser dirigido por un hombre para que el hombre pueda proteger a las mujeres.

Yo fui criada en la cultura Khmer – una cultura que le da más valor y estatus a los hombres, lo cual les da más poder. Los hombres son considerados superiores, y alcanzan posiciones altas en la sociedad mientras que las mujeres son consideradas ciudadanas de segunda clase. Tanto los hombres como las mujeres aceptan fuertemente esta práctica – este sistema patriarcal.

Cuando tenía alrededor de 12 años, observaba cómo mi mamá seguía todo el tiempo los consejos de mi papá, aun cuando no estaba de acuerdo con él. Ella tenía que pedirle permiso a mi papá cada vez que visitaba a mis abuelos. Y cuando él se negaba, ella simplemente cedía.

Mi madre también me enseñó a escuchar los consejos de mi padre y hermano sin cuestionar. Entonces cuando yo era pequeña pensaba que los hombres tenían un estatus y una posición más alta que las mujeres, y que el rol de las mujeres era el de seguir los deseos y consejos de los hombres. Esta práctica dejaba perpleja a mi mente joven, y solía encontrar algunos consejos de mi padre y hermano bastante irracionales. Estaba confundida y enojada, cuestionando las reglas en nuestra familia.

Cuando terminé la educación media, comencé a confrontar esta creencia – la superioridad de los hombres sobre las mujeres. Comencé a cambiar y confrontar todas las tradiciones que consideraba que tenían un efecto negativo sobre las mujeres. Dije “¡No!” hacia lo que no estaba de acuerdo y me rehusé a ser “controlada” por los miembros de mi familia, especialmente por mi papá y mi hermano. Pero confrontar la tradición Khmer en mi familia puede ser abrumador, y a veces me pregunto si estoy haciendo lo correcto.

Hace unos años tuve la fortuna de participar en un proceso formativo sobre “Género y Cambio de Conductas” impartido por Género y Desarrollo Camboya (Gender and Development Cambodia (GADC), una organización no-gubernamental local que promueve los derechos de las mujeres. También leí algunos documentos relacionados con temas de las mujeres. Me sentí aliviada de ya no estar sola porque conocí amigas en GADC que me dieron ideas de cómo cambiarme a mí misma y a los otros.

Mis amigas que alentaron mucho. Poco a poco comencé a usar mi poder y a luchar por mis derechos. Integrarme a la Red Camboyana para el Empoderamiento de Mujeres Jóvenes (Cambodian Young Women's Empowerment Network (CYWEN) y a JASS reforzó mi confianza en mí misma y en mis conocimientos. Ahora me siento libre. Tengo muchas opciones para tener una mejor vida.  

Sophorn YitComo muchas mujeres de Camboya, estoy realizando tareas dobles – como ama de casa y como activista/trabajadora para el desarrollo. En años recientes las mujeres camboyanas han estado lentamente cambiando el panorama político en el país; la gente dice que ya no somos las amas de casa dóciles y sumisas que no tienen voz ni voto en asuntos sociales (Y las activistas por el derecho a la tierra Boeung Kak son una prueba de este cambio).

Las muyeres camboyanas están ahora al frente en discusiones sobre problemáticas sociales y políticas – no solamente en relación a los derechos de las mujeres sino también en relación a los derechos de todos los sectores – particularmente a nivel comunitario. Los hombres camboyanos necesitan ser incluidos en los esfuerzos de las mujeres para la toma de conciencia. Pero siento que debería ponerse un enfoque particular en los esposos camboyanos de las mujeres activistas. Al final, los hombres son parte de la “lucha” y no sus enemigos.

Las mujeres camboyanas han sido silenciadas deliberadamente por mucho tiempo. Ahora es el tiempo para que las voces de las mujeres sean escuchadas. No tengo miedo de luchar por mis creencias, a pesar de que en la cultura camboyana una mujer no debe involucrarse en asuntos políticos. No tengo miedo de alzar mi voz y ponerme de pie por lo que es correcto – dentro y fuera de la familia, a pesar de que en la cultura camboyana un esposo tiene un control considerable sobre su esposa. Eventualmente, lo que quiero cambiar es la desigualdad de poder en la sociedad, incluyendo aquella entre los hombres y las mujeres y entre los esposos y las esposas.

Y pese al creciente ambiente represivo en el país, las mujeres activistas como yo estamos multiplicándonos en número. Producto de la represión, las nuevas activistas tienen una determinación más firme y buscan cambios significativos en la sociedad.

Afortunadamente mi esposo se ha dado cuenta de por qué es importante involucrarse. Entonces ahora cuando me ve preparándome para asistir a una marcha, simplemente me dice “Corre muy rápido cuando la policía comience a dispersar.”

 (Foto: Sophorn Van)

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