Defendiendo a Personas, No a Casos

Cristina Hardaga Fernández

Actualmente, Cristina Hardaga Fernández vive en Guerrero, uno de los estados más empobrecidos y militarizados de México. Pero su trayectoria como activista de derechos humanos se inició en la ciudad de México, en la universidad, protestando junto a las mujeres de Chihuahua y Ciudad Juárez por el incremento de femicidios y la desaparición de mujeres en la frontera. Después de la universidad, Cristina trabajó para el Congreso como consultora de la comisión legislativa de derechos humanos.

Hace tres años, Cristina decidió dejar la Ciudad de México y unirse al Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan, un grupo pionero en la defensa de derechos humanos que principalmente trabaja con la gente indígena de Guerrero.

Trabajando para el Congreso, presencié de primera mano cómo la desigualdad de género está arraigada en la estructura del Estado. De esta experiencia finalmente aprendí sobre las posibilidades y los obstáculos para hacer cambios a través de las estructuras de gobierno” 

A través de sus experiencias, Cristina ha aprendido a navegar en un contexto en el que aquellos y aquellas que levantan sus voces son amenazadas y atacadas, en tanto que los controles civiles son remplazados por fuerzas armadas. Se ha dado cuenta de lo importante que es, en contextos riesgosos como el de Guerrero, que gente como ella acompañe, en primera línea, a mujeres y hombres que alcen sus voces contra la injusticia que viven. Cristina coincidió por primera vez con JASS durante el Encuentro Mesoamericano de Defensoras de Derechos Humanos en el abril del 2010. “Aunque vine representando a una organización mixta, me invitaron a participar. Me consideraba a mí misma una feminista, pero conocer JASS, su trabajo y su personal, representó para mí un momento crucial, tanto a nivel personal como para mi trabajo en defensa de los derechos humanos.”

Un momento de cambio para mi, estando en Tlachinollan, se produjo cuando acompañé a una mujer indígena de la comunidad de Me’Phaa, Valentina Rosando Cantú, a la Corte Interamericana de Derechos Humanos en Washington, DC en el 2010. En el 2002, Vale fue violada y torturada por soldados. A pesar del gran riesgo y amenazas a su vida, continuó demandando justicia durante todos esos años. Trabajar junto a Vale me ha llevado a profundas reflexiones. Atesoro mi amistad con Vale y su familia.” 

Esta reunión regional tuvo un profundo efecto en quienes asistieron. Fue organizada por JASS junto con las otras cinco organizaciones que conforman la Iniciativa Mesoamericana de Defensoras de los Derechos Humanos (IM–Defensoras): Consorcio para el Diálogo Parlamentario y la Equidad  Oaxaca, la Colectiva Feminista, el Fondo Centroamericano de Mujeres, AWID y UDEFEGUA. Durante la reunión, Cristina forjó conexiones para futuras colaboraciones. En particular, buscó el involucramiento de JASS en el caso de Valentina y de otra mujer indígena de Guerrero, Inés Fernández. “El apoyo de JASS fue vital, incondicional y generoso”, dice Cristina. “JASS también logró que la Iniciativa de Mujeres Nobel se involucrara, y juntas dimos visibilidad al problema de jurisdicción militar, el cual las autoridades habían usado para prevenir que Inés y Vale tuvieran acceso a la justicia, y  pudimos apelar su decisión de juzgar a los perpetradores en una corte militar en lugar de hacerlo en una corte penal del ámbito civil.”

Más tarde Cristina se unió a la Red Nacional de Defensoras de Derechos Humanos en México. En calidad de integrantes, la organización de Cristina, Tlachinollan, trabajó con JASS para preparar la delegación de la Iniciativa de Mujeres Nobel de JASS y la misión a México a principios del 2012. Cristina aprecia el espacio que JASS crea para activistas y sus organizaciones para ser auto-críticas, así como para desarrollar mejores estrategias para lograr una visión común. Ella dice “He visto como los espacios únicos para mujeres son un elemento crucial que hace que JASS sea diferente,” señalando su asombro ante la sororidad que se genera y el sincero deseo que existe de trabajar juntas a pesar de las diferencias.

Nos dicen que la forma ideal de trabajar en la defensa de los derechos humanos es no involucrarse personalmente, pero ¿cómo es esto posible, siendo que nuestro trabajo es acerca de la confianza, los intereses mutuos, y las preocupaciones compartidas? Con Valentina, a través de Tlachinollan, aprendí que esto es exactamente lo que acompañamiento significa – defender a personas, no a casos.”

Tlachinollan tlachinollan-2012

Ubicada en Tlapa de Comonfort, el Centro de Derechos Humanos de la Montaña Tlachinollan ha combatido la pobreza, la discriminación y el abandono de las comunidades indígenas en una de las regiones más pobres de México por más de 18 años. Durante los primeros diez años (1994-2004), Tlachinollan documentó 68 casos de violaciones de los derechos humanos por la fuerza militar Mexicana; involucrando tortura, desaparición forzada, y la violación de mujeres indígenas. Los números han aumentado desde entonces: solo en el 2009, Tlachinollan llevó 14 casos de abuso militar. De la misma manera en que han protestado en contra de la militarización en Guerrero, Tlachinollan ha promovido el acceso de las comunidades indígenas a la educación, los servicios de salud y la justicia. En el 2007, con otras dos organizaciones mexicanas, el centro cofundó un innovador Observatorio Civil para documentar abusos por parte de las fuerzas de seguridad que operan en la región, y para buscar justicia para las víctimas, incluyendo la defensa a miembros de la policía cuyos derechos han sido violados.