Cultivando Rebeldías

Berta Cáceres

El 2 de marzo, 2016 asesinos mataron a la dirigente indígena, feminista y ambientalista Berta Cáceres en La Esperanza, Honduras. En 2015, Dilcia Zavala de JASS Mesoamérica se sentó con Berta, entonces Coordinadora General del Consejo Cívico de Organizaciones Populares e Indígenas de Honduras, para esta entrevista, llena de esperanza. Esta esperanza y energía es el gran legado de Berta Cáceres al mundo. Su lucha, su vida y su sonrisa siguen siendo fuente de inspiración y fuerza para todas nosotras que tuvimos el privilegio de conocerla y luchar a su lado.

¿Para usted, que significa “cruzar la línea”?

Significa romper con lo impuesto desde la cultura patriarcal, capitalista, racista... cultivarse en la liberación, en la descolonización. Por supuesto que no es nada acabado. Es nada más el inicio del camino que una ha seleccionado y que sabe que es duro – porque sí es duro. También significa cultivarse la rebeldía, ser consciente de que al traspasar esa  línea viene esa reacción que a veces una no tiene ni idea de hasta donde puede llegar; y ahí es cuando una se da cuenta de que en esta sociedad estamos más expuestas y más propensas a ser detractadas, a ser calumniadas, a recibir ataques de cualquier tipo, incluso amenazas a la vida. Entonces, para mí es eso: un proceso de crecimiento que tampoco tenemos que idealizar, una construcción que se lleva a cabo poco a poco, desapegarnos de los lastres que llevamos, desapegarse de eso que nos están diciendo todos los días, que nos lo están martillando para que lo recordemos, para que lo asumamos como normal, como natural, porque eso es la moda, porque eso tiene que ser así por naturaleza o por mandato divino. Entonces, “cruzar la línea” significa rebelarse ante eso, dirigirse a ese camino donde siempre estamos aprendiendo y desaprendiendo. 

¿Te identificas como una defensora de derechos humanos? ¿Qué significa identificarte como tal? Si no, ¿por qué?

Yo me considero una luchadora más, una defensora, una rebelde, una agitadora, una bruja... Bueno, lo que nos quieran decir, porque en ese desafío del que hablamos antes hay que armarse para lidiar con todas esas situaciones. Soy lenca, soy una persona más dentro de un proceso de construcción colectiva en el que yo elegí estar, que me gusta y en el que tengo mucho que aprender.

¿Cuáles son las problemáticas principales para las mujeres en general y para las mujeres defensoras en Honduras?

Bueno, aquí vendría un rosario de respuestas; una de ellas es la necesidad de que se produzca una revolución cultural en este país, de que cambie realmente la colonización. Nos agarran como objetos y nos colocan una marca registrada que tiene valor según la ganancia que genera. Ante ello, creo que  uno de los grandes desafíos es ver cómo podemos impulsar esa revolución cultural para echar para atrás el patriarcado, el capitalismo y la colonización. Una, ya entrada en un proceso de revolución cultural, puede decir que necesita que se le respeten los derechos laborales, territoriales, los del cuerpo, pero necesitamos ampliarlo. Necesitamos construir algo articulado, organizado y sistemático, que nos haga avanzar realmente, porque el riesgo que tenemos es que se estanque eso. Y en este país, los desafíos y la problemática son especialmente dramáticos para nosotras, las mujeres. El hecho de tener la osadía de exigir el derecho a la vida, a la sexualidad, el respecto a la dignidad del cuerpo, a la autonomía, a la soberanía, a caminar tranquila, como dice la consigna en la calle, a tener derecho a la tierra, a los territorios, a la espiritualidad y a las culturas originarias, a las sabidurías propias... Creo que todas esas son las cosas que enfrentamos, la cuestión económica, política y social en medio de esta crisis generalizada por esta dictadura transnacional en la que las más jodidas somos las mujeres. Y creo que eso también está amarrado al tema de la militarización, a cómo se normalizarla, a la represión, a ser objetos de campañas de desprestigio, de maniobras muy bien pensadas, planificadas para destruir los procesos organizativos y liberadores en los que estamos, es más, que dirigimos las mujeres. Yo creo que eso será una constante y se irá agudizando en este contexto y en esta dictadura  trasnacional que no solo se está imponiendo, si no que se está expandiendo y consolidando. 

¿Qué impacto ha tenido las elecciones en Honduras sobre las mujeres y, particularmente sobre vos como activista?

Para mí no tiene  mayor trascendencia; sucedió el evento electoral, no tiene ningún significado político, cultural ni social, ni económico para las mujeres. Es más, en términos de avanzar en el respeto de los derechos de las mujeres en todos los ámbitos, más bien ha significado un retroceso. Hay un asentamiento fuerte de todo ese poder sexista fundamentalista, de estos sectores reaccionarios a lo cuales les vino bien el golpe de estado porque ellos están vivos, están intactos y siguen avanzando en las políticas que van en contra de las demandas históricas de las mujeres o de sus demandas inmediatas como el derecho a comer, por ejemplo. Hay  una planificación estructural, económica y política hecha precisamente para tenernos de obreras, de mano de obra barata, en una situación de esclavitud moderna, de represión y de alienación ideológica, que es una de las más duras y que más nos cuesta identificar. Yo creo que en las elecciones puede haber mujeres beligerantes, pero lo de avanzar realmente en los temas de las demandas de las mujeres lo veo muy difícil.

¿Cuál es tu vínculo con JASS?

Los vínculos con JASS son ya antiguos, establecidos en la lucha y en el acompañamiento en la defensa de los territorios y de los derechos de las mujeres. En relación a las acciones del Estado represivo para criminalizarnos a nosotras, las mujeres, el aporte de JASS ha sido importante, de igual forma que el de otras organizaciones nacionales e internacionales, sobre todo en el proceso de comunicación de defensoría, de acompañamiento, de estar pendientes de nosotras. Creo que eso es una dimensión humana que a veces olvidamos, una dimensión solidaria que nos llena de ánimos, de fortalezas y de energías para seguir metidas en  procesos de base. Creo que eso ha sido positivo para JASS y que también permite el crecimiento mutuo en las relaciones. 

¿Cuáles con los cambios que quisieras ver y cómo se pueden alcanzar?

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Eso es algo monumental. Como decía antes, se trata de una revolución cultural, económica, política, desde esa diversidad de la pluralidad. No se trata de cualquier revolución, si no de una que tenga el objetivo de cambiar este país profundamente. Se puede llamar de muchas maneras: refundación, revolución, descolonización o cómo queramos llamarla. Creo que esa es la aspiración que tenemos nosotras, y que es posible en la medida en que se puedan alcanzar cierto niveles de desarrollo dentro del movimiento social en el que estamos, lo que nos va a permitir avanzar en el camino de la descolonización. No se pueden hacer luchas aisladas ahora, tenemos la necesidad de crecer en una unidad en  los hechos, en las prácticas y no solo en el discurso; de levantar un movimiento social que ha quedado muy debilitado, muy desgastado, desmoralizado incluso. Creo que esta dosis de desmoralización es debida al tema electoral, por haberse plegado nada más a un partido político X y haber abandonado las otras causas históricas de la lucha social. Creo que eso ha sido también desgastante y, por ello, pienso que apostarle a reanimar el proceso de organización y movilización es un reto realmente grandísimo que tenemos y al cual no podemos renunciar.

Tal vez ahora no podamos decir exactamente cómo, pero lo tenemos que hacer porque, si no, ya estamos completamente condenadas y condenados a vivir en una absoluta esclavitud, creyendo que ser desarrollados es vivir en el concreto, en el cemento, con la tecnología que nos atiborra con todo; considero que, en relación a eso, el movimiento social tiene que hacer, o tenemos que hacer una auto-reflexión profunda, que conlleve una renovación de todo lo que implica nuestro planteamiento, modos de actuar, prácticas... Nos hace falta mucho de eso, pero no podemos renunciar. 

Dentro del movimiento de mujeres en Honduras, ¿qué es lo que te da más orgullo?

A mí me da mucho orgullo ver que las mujeres estamos en todos los espacios de estas rebeldías colectivas e individuales, porque también significa tocarnos cada una como seres humanos. Me da mucha satisfacción que procesos fuertes de defensa de la dignidad del  pueblo hondureño, de los pueblos indígenas, de los movimientos sociales, son librados por mujeres que no han tenido la oportunidad de estar en espacios académicos pero que saben defenderse, que saben actuar frente a las agresiones del poder. Hay una gran aporte de las mujeres en eso, nosotras hemos visto situaciones en las que a veces las empresas van y ofrecen soborno a los hombres primero y, en algunas ocasiones, eso les puede dar resultado, pero con las mujeres es muy distinto, porque existe una comprensión más profunda de lo que implica tener la tierra y los territorios para la vida.

Creo que el aporte de las mujeres ha sido histórico, es extraordinario y todas las luchas, ya sean urbanas o rurales, han crecido por el aporte de las mujeres. Yo estoy convencida de eso desde el golpe de estado, es más, si se ha dado ese avance dentro de la globalidad – dado que el movimiento ha estado en crisis – ha sido por la presencia de las mujeres. 

Mensaje Final

A pesar de las situaciones críticas o de criminalización que nos quieren imponer; a pesar de que hay una política represiva, al estilo de la narco política, o al estilo del paramilitarismo de los ochenta o, por ejemplo, de Colombia; a pesar de que nos muestran a las víctimas de esa  represión, que les cortan sus lenguas, a las que les son asesinadas sus niños y niñas... a pesar de todas esas situaciones, en medio de todas esas desesperanzas, creo que hay que hacer crecer la esperanza en nosotras mismas, que hay que creer que somos capaces y que es posible hacer algo en beneficio de este pueblo. Siento que hay mucha desmoralización, mucho desatino... pero tenemos que saber que debemos dar paso a esa fuerza creadora, a la inventiva, a la vitalidad, a la alegría, a la lucha, que es dura, y que hay que enfrentarse a los poderes de ese proyecto de muerte... Y yo creo que sí es posible.