Derechos Económicos de las Mujeres


 

La economía es política con disfraz técnico. Economista feminista británica, 2005


Así como la democracia política empodera a los ciudadanos, la democracia económica promueve su empoderamiento económico con el fin de evitar la concentración de poder que sustenta la desigualdad y la falta de desarrollo. Para JASS nuestra interés en impulsar la democracia económica responde a nuestra convicción de que la igualdad de las mujeres exige que las decisiones mediante las cuales se determina quién tiene el acceso y el control de los recursos y del bienestar general, sean tomadas a través de procesos equitativos, transparentes y responsables, protagonizados por mujeres y hombres cuyas vidas son directamente afectadas.

Si bien la iniciativa de democracia económica de JASS se encuentra en una etapa preliminar, la misma se apoya en el trabajo realizado previamente por la organización con sindicatos y en torno a los derechos a la tierra, a la condonación de las deudas y a las alianzas de justicia económica abordadas en el programa Derechos Económicos y Acción Ciudadana” (2003-2006) de JASS. La iniciativa pretende:

  • Desarrollar e impulsar estrategias que combinen el empoderamiento político y económico de las mujeres de acuerdo con sus necesidades y con la promoción de sus derechos;
  • Potenciar una mayor comprensión de las mujeres en materia económica para desmitificar las políticas económicas y contribuir a fortalecer su activismo, su capacidad para formar ciudadanos y su organización política en torno a temas relevantes;
  • Documentar, promover y expandir las alternativas económicas creadas por las mujeres, desde las cooperativas de ahorro hasta los sistemas de gestión de bosques;
  • Explorar y desarrollar estrategias que fortalezcan el potencial poder económico de las mujeres como consumidoras, acreedoras, accionistas y trabajadoras; e
  • Incorporar las alternativas y experiencias económicas de las mujeres a los importantes debates sobre desarrollo y democracia sustentables.  

Los aumentos en los precios de los alimentos, el desempleo crónico, los escándalos financieros internacionales y las medidas de austeridad adoptadas en todo el mundo, han profundizado la pobreza y la brecha de desigualdad para los pobres, la mayoría de los cuales son mujeres. En el fondo de esta tendencia mundial está la falta de democracia. Los bancos y las empresas transnacionales tienen una influencia desproporcionada sobre las políticas y las prioridades económicas de los gobiernos, mientras que los ciudadanos y los movimientos cuentan con cada vez menos oportunidades de expresarse. El neoliberalismo, política económica de receta única, cuyas únicas opciones en todos los contextos son la privatización, el control de salarios, la desregulación y la reducción de la deuda pública, se promueve como políticamente neutral. No obstante, el impulso sin reservas de estas políticas — a menudo llamadas “fundamentalismo de mercado”— ha demostrado favorecer intereses concentradores, a la vez que fomenta la corrupción, el capitalismo de compinches y el desarrollo ambientalmente destructivo. Tales políticas disminuyen la capacidad de los gobiernos para velar por los derechos y promover el bienestar básico, además de que convierten a los ciudadanos en meros consumidores. Dado el sexismo latente en todas las instituciones económicas, las mujeres se ven dos veces desprotegidas: por la creciente inseguridad económica y por la falta de democracia económica, ya sea que se trate de las empresas más grandes o de las prácticas comunitarias, en las cuales las mujeres siguen siendo las últimas en tener acceso a tierra y a fertilizantes. 

“…si el enfoque economicista permea a toda la sociedad, los valores básicos, no económicos, como belleza, salud o limpieza, podrán sobrevivir sólo si pueden demostrar que son ‘económicos’.” - Marilyn Waring, economista

Respuestas Ciudadanas

Sin embargo, las oportunidades de cambio, los movimientos emergentes y las alternativas no sólo existen sino que son creadas por las mujeres todos los días. Si bien las economías son más volátiles y las desigualdades son más profundas, las mujeres están constituyéndose en la mayoría de los consumidores del mundo, en una presencia y en una influencia crecientes a nivel de la fuerza laboral, en una mayor fuerza como accionistas y más. Las posibilidades del poder económico colectivo de las mujeres en todos los ámbitos lucen optimistas para las agendas feministas y para el movimiento por la justicia económica.

Asimismo, hoy, muchos movimientos y activistas están luchando contra las políticas económicas de receta única y contra las desigualdades que éstas han agravado. Trátese del movimiento de Occupy Wall Street, que enarboló la consigna “Somos el 99%”, de la recuperación de “los espacios comunitarios” o del movimiento por la soberanía alimentaria, las mujeres se encuentran en la primera fila de la lucha para crear alternativas y enfrentar la explotación económica. Desde los clubes de ahorro y crédito hasta las cooperativas de trabajadoras, las mujeres están desarrollando alternativas económicas. Asimismo, están exigiendo una participación más activa en el desarrollo económico, organizando a trabajadores y trabajadoras del sector informal y de medio tiempo para que defiendan sus derechos, a la vez que realizan campañas a nivel de base contra el despojo de la tierra llevado a cabo por las grandes empresas y contra la explotación desbocada de los recursos naturales.

A través de esta iniciativa de democracia económica, JASS trabaja con las organizadoras con el fin de documentar y difundir sus innovaciones, al mismo tiempo que apoya a las activistas de vanguardia mediante la formación, el acompañamiento y otros recursos destinados a aumentar su protección y a potenciar su incidencia.