Las PAE, el Cuerpo, el Amor y la Vida

Hoy amaneció lloviendo en este pequeño y soleado país de Centroamérica. Las plantas del jardín parecían agradecerlo mientras en los huesos se metía el filudo y helado espanto de los ataques a nuestros cuerpos. Sí, uno nuevo, o viejo. Al leer la noticia comprendí que en realidad el cielo lloraba y tenía razón de hacerlo. La Corte Suprema de Justicia (CSJ) dio su veredicto final sobre las Pastillas de Anti concepción de Emergencia, un periódico dice:

La CSJ indica que el decreto que prohibió la venta de las Píldoras Anticonceptivas de Emergencia (PAE), vetado en el 2009, no fue inconstitucional ni viola los derechos de las mujeres, ya que el fármaco en mención sí es abortivo…

Y continúa…

A criterio de la CSJ, el impedir la comercialización de la PAE es legítimo, por ser incompatible con la adecuada protección del derecho a la vida, tal y como se consigna en la Constitución. “Nada en el decreto vetado impide el acceso de las mujeres a la información o el acceso a métodos de planificación familiar distintos del que dicha norma prohíbe”.

No sé si reírme ó ponerme a llorar de rabia. Quisiera regresar a las aulas a todos los que aplican la Ley en este país para que aprendan sobre derechos humanos, decretos, Leyes, Convenios, Convenciones y razones que les muestren alguna luz en esa terrible oscuridad cerebral y social que los aqueja. Sin embargo, rápidamente me invade la certeza de que las razones no se pueden usar en este caso. Al menos no ese tipo de razones, al menos no en este espacio en blanco que se empeña en saltar cada vez que intento continuar con mis labores. Trato de continuar porque siento que no hay nada que hacer, que de veras vivimos en una dictadura militar y fundamentalista instalada desde el Golpe de Estado y simplemente hay que resistir pero… ¿Por qué no puedo? ¿Por qué vuelvo a esta página en blanco para intentar expresar la indignación que no me cabe en el cuerpo? ¿Por qué me ahoga este vacío en el estomago? Tal vez es porque una vez más, los señores deciden sobre mi cuerpo y el de todas. Este cuerpo que es mi soberanía sin importar lo que digan, ni lo que hagan. Tal vez porque mi cuerpo es, una vez más, la mercancía con la que trafican sus voluntades y favores políticos. Tal vez porque les oigo animar a festejar el día del amor en la penosa voz de Alexandra Villeda, hija de una de las responsables de este retroceso. Y Claro, mientras te animan a comprar chocolates, flores, tarjetas y un montón de cursilerías que les engordarán el bolsillo, te adormecen la cabeza y te olvidas de que tu cuerpo era tuyo. Ó tal vez es porque me importa la vida de las mujeres. Sí, esas vidas que se enfrentan a éste régimen todos los días, esas vidas que se llenan de fuerza para sobrevivir en medio de los dolores de espalda, los golpes, las violaciones, los abusos, los engaños y la farsa de este mundo que nos vende un amor que nos condena a la indiferencia y que nos aleja del derecho más primordial de todos, el derecho a decidir sobre nuestro sexo, nuestros cuerpos, su bienestar y su propia vida.

¿Día del amor? ¡Por favor! Cuando de veras sepan lo que es amar a las mujeres, entonces señores y señoras Opus, no podrán celebrar otra cosa que no sea ¡LIBERTAD!