Derechos de las Trabajadoras Sexuales son Derechos de las Mujeres

Escrito por Wala Nalungwe, joven activista feminista de Zambia que coordina el proyecto de la Academia de Liderazgo para Mujeres Jóvenes en Youth Vision Zambia, aliada de JASS.

“¿Lucharían ustedes por los derechos de las trabajadoras sexuales?”, pregunté hace poco a un grupo de mujeres jóvenes en un taller feminista. La mayoría de las mujeres del grupo se sentían evidentemente incómodas con la mera idea de interactuar con trabajadoras sexuales como parte del movimiento feminista. “La Biblia dice claramente que el trabajo sexual está mal”, dijo una participante que estaba decidida a “reformar” a las trabajadoras sexuales. Agregó: “Trataría de ayudarles a abandonar esa vida y a rehabilitarse”. Otra dijo: “Yo no trabajaría con ellas, ya que eso les alentaría a seguir con ese trabajo, que está mal”.

Mi frustración fue aumentando al escuchar las opiniones del grupo. Me recordaban cuán dividido está el movimiento feminista en Zambia y la forma en que excluimos a las trabajadoras sexuales de la labor de organización y de nuestra agenda. También me sorprendió la selectividad con que aplicamos los valores cristianos. Por ejemplo, nadie se oponía a las relaciones sexuales prematrimoniales. Se podía hablar del sexo, pero no del trabajo sexual.

Las trabajadoras sexuales son pecadoras porque profanan su cuerpo, que es el templo de Dios, cada vez que ejercen su profesión con distintos hombres. El trabajo sexual es degradante y explotador.” - Mujer joven activista

El activismo en torno al trabajo sexual permanece en la periferia del movimiento de mujeres de Zambia y rara vez es tema de conversación cuando las mujeres se organizan para luchar por la justicia social en Zambia. Para alcanzar la igualdad y la inclusión, que son principios feministas fundamentales, es necesario que aunemos las voces de todas las mujeres a fin de que podamos formar parte de una visión de cambio, sea que propugnemos mejores políticas y leyes, que proporcionemos orientación y servicios de apoyo o que estemos luchando por el acceso a los recursos. El movimiento feminista tiene que hacer suya la lucha de cada mujer, sin moralizar ni juzgar. Como las trabajadoras sexuales constituyen uno de los grupos más marginados de la sociedad, ya que sufren discriminación como mujeres y como trabajadoras sexuales, deberían estar en primer lugar en nuestra agenda.

Las trabajadoras sexuales son seres humanos y, como cualquier otra persona, tienen derechos humanos con arreglo a acuerdos nacionales e internacionales. El derecho a la vida, la seguridad, la libertad de expresión, la acción política y el acceso a la información y a servicios básicos de salud y educación es tan importante para las trabajadoras sexuales como para cualquier otra persona. Nadie debería perder esos derechos humanos debido al trabajo que hace.” - Wala Nalungwe

Toda persona tiene derecho a una vida sin violencia. Sin embargo, en Zambia, como en muchos otros lugares, las trabajadoras sexuales son insultadas, acosadas y agredidas regularmente por los clientes e incluso por la policía, que sabe que hay pocas probabilidades, o ninguna, de que la sociedad los condene o de que tengan que rendir cuentas de sus actos ante sus superiores. Estas agresiones contribuyen a la vulnerabilidad física de las trabajadoras sexuales, así como a su mala salud y a su cinismo con respecto a las autoridades y a los proveedores de servicios sociales. Las trabajadoras sexuales también suelen ser víctimas de delincuentes que se aprovechan de su renuencia a denunciar ataques a la policía por temor de que las maltraten o las insulten aun más. Cualquiera que sea su condición jurídica, las trabajadoras sexuales merecen vivir sin agresiones físicas y sexuales, como cualquier otra persona. Sin embargo, con frecuencia se pasan por alto estos derechos o se los deniega.

El mito de “salvar” a las trabajadoras sexuales de ellas mismas…

Con demasiada frecuencia se presenta a las trabajadoras sexuales como seres humanos dañados que necesitan que los rescaten, sin agencia o capacidad de acción ni poder personal, o como “malas mujeres” que es preciso reformar. La razón que alegan algunos para criticar el trabajo sexual como ocupación es que “ninguna mujer normal elegiría el trabajo sexual; si lo hace es porque sufrió abusos de niña o le gusta demasiado el sexo”.

En Zambia, la mayoría de las intervenciones, si no todas, para mejorar la vida de las trabajadoras sexuales se centran en reformarlas y en buscar otras formas de ganarse la vida. La clase económica baja y la falta de oportunidades de empleo son solo algunas de las razones por las cuales las mujeres optan por el trabajo sexual. El feminismo consiste en ampliar las opciones para las mujeres y permitirles que tomen decisiones sin coacción y sin que las juzguen. En vez de tratar de reformar a las trabajadoras sexuales, tenemos que concentrarnos en crear entornos en los cuales las trabajadoras sexuales puedan dedicarse a su profesión si correr riesgos y tengan poder de decisión con respecto a las condiciones del servicio, es decir, entornos en los cuales las trabajadoras sexuales puedan gozar de sus derechos, incluidos el acceso a la atención de salud y a la educación y el fin de la discriminación, los estigmas y la violencia.

En Zambia hay poca tolerancia de las diferencias en las formas de pensar, las experiencias y las decisiones. Hace poco, Paul Kasonkomona, enérgico defensor de los derechos humanos, fue arrestado después de defender en un programa de televisión el acceso de las trabajadoras sexuales, los presos y las minorías sexuales a la atención de salud. La reacción fue rápida: el jefe de policía de Zambia anunció que Kasonkomona había sido arrestado por “incitar al público a participar en actividades indecentes”. Es hora de que el movimiento feminista de Zambia defienda sus principios. Como feministas, estamos luchando contra los sistemas que perpetúan las relaciones desiguales de poder entre hombres y mujeres. Eso significa luchar por los derechos de todas las mujeres, incluidos los derechos de las trabajadoras sexuales y las minorías sexuales. ¡Los derechos de las trabajadoras sexuales son derechos de las mujeres!

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