Archivos del Blog de JASS para Mayo 2013

by Mariela Arce de Leis on Mayo 22, 2013 on 11:16 am

Hace unos días atrás estuvimos en Taboga, el equipo Alquimia de JASS Meso: Patricia Ardón, Malena de Montis y yo; es una pequeña isla del pacífico frente a la ciudad de Panamá, se le conoce también como Isla de las flores, por su gran cantidad de vegetación y flores que la adornan todo el año. Entre las flores destaca una que es mi preferida la Bellísima, una enredadera que siempre está llena de florecitas rosadas en todos los tonos de rosa que se te ocurran, es un portento de planta; sin embargo por su fuerza la gente no la quiere pues la mira con miedo de que acabe con otras plantas y la tratan como una plaga, por eso la cortan, la queman, le ponen herbicidas y le aplican cuanta forma de aniquilación se te ocurra; la pobre Bellísima, se desaparece, se minimiza, pero… a los pocos días ¡aparece un nuevo retoño! siempre alegre, siempre rosa… es increíble su tenacidad por la vida.

Pues rodeadas de Bellísimas  en mi casita de Taboga trabajamos en clave Alquimia; mezclando nuestros saberes y experiencias como educadoras populares feministas, trayendo otros saberes de otras mujeres educadoras; nos imaginamos las múltiples formas de lenguajes que se van a utilizar, las metodologías creativas, nos reímos y debatimos intensamente celebrando y preparando la Escuela de Liderazgo para mujeres indígenas y rurales que trabajan en defensa de sus territorios. Es otra de las acciones de este eje de formación regional que esperamos de inicio en octubre de este año. Esta Escuela de liderazgo pretende contribuir al fortalecimiento de las mujeres, de sus luchas libertarias y de sus pueblos en defensa de sus bosques, ríos, mares y territorios donde viven y que ahora están en riesgo de ser depredados por voraces transnacionales de energías, minas, y proyectos de especulación inmobiliarias en la región. Estamos seguras que Alquimia feminista será un espacio seguro, alegre, creativo y respetuoso para contribuir a la formación política de cientos de mujeres que llegarán a ella. Este primer Curso regional tendrá una duración de dos años con cuatro eventos presenciales y seguimiento con diversas modalidades a distancia, todas las participantes tendrán beca completa, así que la selección debe ser muy cuidadosa para que las mujeres que vengan realmente puedan compartir sus saberes en sus organizaciones y de esta forma fortalecerlas.

Al quinto día de nuestra llegada a Taboga, salimos corriendo para alcanzar el barco que nos llevaría a tierra firme pues teníamos que buscar a Lolita Chávez de Guatemala, que nos venía a acompañar en un Taller que tenía por título: Transformando Positivamente Conflictos, tema trabajado durante años por nuestra querida Patricia Ardón, quién como parte de nuestras producciones de JASS está sacando pronto un Manual al respecto. Este taller lo solicitaron en el 2012 las mujeres indígenas de la Coordinadora Nacional de mujeres indígenas de Panamá a JASS, luego de una experiencia de intercambio con mujeres mayas de Guatemala. Así pues que llenas del océano Pacífico, tomamos rumbo a Portobelo, pueblo colonial cuna de la negritud panameña. En este pueblo se celebraron por cientos de años las famosas Ferias de Portobelo, punto de encuentro entre la Corona Española y sus colonias en el nuevo mundo. Punto de recolección de impuestos, de intercambios de mercancías, entre ellas el infame negocio de la venta de esclavos que traían secuestrados del África. Pero igual que la Bellísima el pueblo cimarrón nunca se dejo vencer y hoy retumban los tambores y los cantos Congos que hacen danzar sus polleras de múltiples colores.

Como siempre JASS articuló alianzas en el país para organizar esta importante actividad, en esta ocasión convocan y coordinan: JASS, CONAMUIPInstituto Raúl Leis. Fieles a nuestros principios metodológicos, trabajamos una primera aproximación al diseño y selección de participantes con nuestras aliadas de CONAMUIP y nos repartimos tareas.

Llegamos 25 mujeres, entre ellas mujeres de los siete pueblos indígenas que conviven en Panamá. Mujeres que creemos en que es posible el sueño de construir otra sociedad sin violencias y discriminaciones contra nosotras las mujeres; mujeres que creemos en la sororidad, en crear el poder entre nosotras. A la orilla del mar Caribe en la Posada la Morada de nuestra amiga Sandra Eleta dimos inicio a la actividad con un baño de sanación con hierbas y saberes milenarios del Pueblo Emberá Woonam; las hermanas de este Pueblo nos fueron limpiando una a una en medio de oraciones y cantos, mientras muchas de la presentes sentían que habían llegado a puerto seguro nos bañaba también el sol mañanero y las brisas del atlántico. El éxito de la actividad no hubiera sido posible sin este entorno seguro, amoroso y rebosante de sanidad; las mujeres no solo aprendieron de los temas y herramientas tratadas, intercambiamos análisis de los contextos y actores claves en conflictos; sino que gracias a las diligencias de Sandra, que lleva décadas acompañando los procesos de recuperación de la memoria histórica cultural de este pueblo, se abrió una puerta al Portobelo colonial que nos dio una perspectiva histórica completa de la invasión y sus complejidades para los pueblos originarios y los esclavos traídos de África; esta mirada histórica directa en el lugar de los hechos permitió hermanar a mujeres indígenas con las mujeres de Portobelo casi de inmediato. Compartimos los locales de la Fundación Portobelo y su Escuela del Ritmo; pudimos todas apreciar el arte negro y su cultura; la comida afro es rica en sabores y texturas y algunas compañeras indígenas estaban sorprendidas al inicio pues no sabían que había comida “salada dulce”, poco a poco se fueron integrando las compañeras de la cocina al grupo, en las mañanas era un concierto de risas y vacilones entre negras, indias y mestizas como yo, hasta ver el reloj y tener que gritar ¡!TIEMPOOOO!!

La cosmovisión de las mujeres indígenas hacen que lo comunitario sea central en su vida, que su relación con la naturaleza sea orgánica y no utilitaria; sin idealizar y de forma crítica todos estos elementos se contemplaron en el taller y pudimos integrarlos a pesar del poco tiempo disponible, una mañana empezamos el taller en el mar, tomamos unos botes y cruzamos la histórica bahía de Portobelo donde en su fondo reposan los restos de piratas célebres y sus naves. Llegamos a la playita escondida La Huerta rodeada del bosque, y en medio de gritos y risas la mayoría del grupo nos metimos al agua; unas  se quedaron en la orilla, otras se subieron a los árboles a conversar como cuando eran niñas… de repente se escucharon los bramidos potentes de monos aulladores, nadie se sorprendió los conocían. Luego María una ngäbe mayor del grupo, me dice que era su primera vez en el mar, que fue hermoso; ella nació, vive y desea morir en las montañas de Kodri, pero ya le puede contar a sus nietos y nietas como es el mar. Por mi parte regresé muy contenta pues enseñé a Lolita y a otra compañera a flotar, nunca he aprendido a nadar y yo estaba enseñando a otras a no ahogarse ¡ja! !ja!

Sandra nos dejó al cuidado de su prima Aurora quien tiene un Hotel llamado “El otro Lado” que queda en efecto, al otro lado de la bahía, llegó Aurora una tarde y me dijo muy cálidamente, ¿qué les puedo ofrecer para que estén contentas? ¿Les gustaría un paseo por el río? y yo sin imaginarme de que se trataba le decía: "no te preocupes Aurora, no te molestes";  sin saber que iba a ser una experiencia única para el equipo facilitador. A las seis en punto partimos en una barcaza llena de flores, velas y jugos de frutas llamada La Faraona en honor a la cantante española Lola Flores; sentadas en cuatro hermosas sillas unas al frente de las otras, no podíamos escapar al encuentro con el río. Comenzamos a subir en el silencio y en medio de una vegetación abrumadora, llena de flores silvestres y cantos de pájaros, al rato se nos fue metiendo una sensación de agradecimiento con la vida, tomar conciencia de que algunas están cada día más cerca de la muerte por su trabajo en derechos humanos; era una mezcla de saudades, recuerdos y alegrías que nos dejó llorando a casi todas pues nos sentimos conectadas con la naturaleza en el silencio del río (a pesar de una que insistía en hablar del contexto de CONAMUIP!!??!). Ese viaje fue de una conexión maravillosa entre nosotras a través de silencio y la contemplación del atardecer y luego de la hermosa luna llena reflejada en las aguas de la bahía. Nadie puede dar lo que no tiene, y nuestro Equipo está lleno de amor.

Cerramos el taller con bendiciones y agradecimientos a la vida, a nuestras ancestras que nos inspiran y abonado en el camino, a las energías según la cosmovisión maya. Como regalo de despedida tuvimos una velada de danza Conga de los niños y niñas de Portobelo fue maravilloso como entre risas un niño hermoso se le sentaba en las piernas a una de las compañeras woonam para animarla a bailar.

El agradecimiento es parte vital de los valores que impulsamos en JASS desde nuestra Escuela regional Alquimia Feminista, así pues que este taller maravilloso se pudo concretar porque pudimos mezclar diversas esencias, saberes, emociones, historias, imágenes, artes, música, sabores, olores, danzas logrando una maravillosa Alquimia que termino con un Plan de trabajo y Acción para los próximos seis meses de la CONAMUIP. Gracias a todas las participantes que llegaron desde lugares remotos de todas las comarcas y pueblos de Panamá; a mi hermana del Alma, Anam Cara Sandra Eleta que nos abrió de inmediato su corazón y su casa - posada "La morada"; la estadía en ella, llena de sol, mar, danzas, olores y sabores portobeleños, la calidez y calidad de su Equipo en todas y cada una de nuestra necesidades nos deja llenas de fuerza y esperanza. A Malena quién registro todas las técnicas utilizadas, a Elvira quién elaboró la ayuda memoria, a Patricia por su generosidad y sabiduría, y por supuesto a Lolita quién dio seguimiento con esta actividad a nuestro primer encuentro con la CONAMUIP en el 2012. A mis hijos Raúl y José Carlos por sus atenciones al Equipo. La Alquimia no es solo un proceso que contiene magia creativa, sino ciencia, pues se deben mezclar los elementos metodológicos de forma tal que se pueda producir rupturas epistemológicas que lleven a cambios reales, sigamos sentipensando nuestros procesos de educación popular feminista.

La última noche luego de finalizado el taller, Sandra le pregunta a Yanilkai: ¿qué aprendiste Yanilka? Y ella sin vacilar responde: aprendí la fuerza y unidad de las CONAMUIP; pese a sus diferencias y conflictos. Ellas no vacilan en trabajar duro para lograr sus objetivos; no se acobardan ante las dificultades; no usan palabras rebuscadas, pero saben lo que quieren; siguen juntas hace 20 años a pesar de todo… mientras la escuchaba se me iba apareciendo en mi mente y en enredando en mi corazón la Bellísima tabogana.


i Lider portobeleña que organiza los grandes Festivales de Diablos y Danzas Congos de Portobelo y demás comunidades de la provincia de Colón que fue participante activa en el taller.

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by Alda Facio on Mayo 6, 2013 on 1:46 pm

El sábado 26 de enero, cumplí 65 años. Es decir, paso oficialmente a ser una adulta mayor y lo quiero celebrar con ustedes recordándonos que mi generación, como las anteriores, construimos grandes y pequeños movimientos feministas en todo el mundo. Al reflexionar sobre mi vida me siento muy orgullosa de ser parte de este gran movimiento milenario. Insisto en su carácter milenario porque no me gusta invisibilizar a las mujeres que lucharon contra la instauración del patriarcado desde sus inicios hace más o menos seis mil años. Creo indispensable reconocer que la lucha se inició en ese momento y no después de siglos de subordinación como afirman algunas porque hablar del feminismo como un movimiento que se inició en la Ilustración europea es condenar a millones de ancestras de todas partes del mundo al olvido. Aunque no las conozca a todas porque el Patriarcado las ha borrado, sé que lucharon porque todas las mujeres que hoy estamos vivas y disfrutando de ser reconocidas como seres humanos aunque todavía no disfrutemos plenamente de ningún derecho humano, lo hacemos gracias a que otras mujeres, antes que nosotras, nos abrieron el camino con su lucha, su amor por la vida, su anhelo de igualdad y libertad, su esfuerzo, sus iniciativas, su valentía, su creatividad, su esperanza y su imaginación. 

Provengo de una familia donde mi madre y mi abuela se rebelaron contra los roles que la sociedad les imponía a pesar de no llamarse feministas. Mi abuela me insistía en que yo podía superar todas las barreras que me encontrara en el camino y mi mamá me educó bajo el precepto de que las mujeres teníamos derechos como lo declaraba mi congénere, la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Crecí con esta Declaración como mi guía espiritual y reconociendo que fueron mujeres las que lograron que la misma declarara la igualdad entre hombres y mujeres junto con la prohibición de discriminación por sexo. Gracias a estos antecedentes y a esa Declaración, pertenezco a una generación de mujeres que entendió que para lograr esa igualdad primero había que visibilizar su mayor obstáculo, el patriarcado.  Así mi generación desenmascaró la misoginia detrás de los piropos, el amor romántico y la historia y demostró que hasta las ciencias más duras eran androcéntricas. Denunciamos la violencia de género contra las mujeres en todo el mundo y obligamos a los Estados a reconocer que los derechos de las mujeres eran derechos humanos.  Junto con las feministas de mi generación, grité por las calles de Nueva York que lo personal es político porque entendimos que nuestra subordinación era muy diferente a la de otros grupos porque empezaba en nuestras propias familias.  Pertenezco a una generación que quiso desmantelar mitos tan arraigados en nuestra psique como que nuestros cuerpos femeninos eran sucios y por ende, que la sexualidad femenina es pecado, despreciable o inexistente.  Juntas, las feministas que hoy somos viejas pero que en ese entonces éramos jóvenes, superamos tantos obstáculos y rompimos tantos  estereotipos que no los puedo enumerar en unas cuantas líneas pero que hoy me hacen sentirme enormemente agradecida de haber pertenecido al movimiento más importante del Siglo XX.

Desde que me hice feminista en 1970, mis colegas feministas y yo iniciamos proyectos lindísimos como la primera revista feminista de Costa Rica, el Comité Latinoamericano para la defensa de los derechos de las mujeres, CLADEM, la Fundación Justicia y Género y el Caucus de mujeres por una justicia de género en la Corte Penal Internacional por nombrar sólo algunos. Más recientemente, junto con otras ecofeministas, iniciamos mis dos proyectos preferidos: la Comuna de la Luna Llena y el WHRI, curso intensivo que se imparte hoy en la Universidad de Toronto pero que en el futuro se hará en la Comuna. También tuve la enorme satisfacción de trabajar en FEMPRESS, la primera red informativa feminista de Latinoamérica con sede en Chile y hoy trabajo junto a un grupo de mujeres fantásticas en JASS, una organización dedicada a apoyar los esfuerzos feministas en distintas partes del mundo.  Durante mis ya más de cuatro décadas de ser feminista he pertenecido a diversos grupos que me han llenado de esperanza en el poder transformador del feminismo como lo fueron Ventana y Las Entendidas y hoy, Petateras. 

Por supuesto que no todo ha sido positivo en mi vida: he vivido la violencia sexual en mi propio cuerpo y sufrido la violencia estructural, social y cultural de un sistema que me ha ninguneado. De joven tuve que combinar el rol de madre y esposa con el de activista feminista y estudiante de derecho. Y lo logré gracias a las teorías feministas que me daban esperanza en un mundo más feliz e igualitario aunque durmiera tan poco. Pero aunque no todo ha sido color de rosas, ahora que soy oficialmente vieja puedo decir con toda certeza que “valió la pena”. 

Les cuento esto para recordarles a todas las que hoy son jóvenes y no tan jóvenes feministas que un día ustedes serán las mayores de otras jóvenes que vendrán después porque falta mucho para erradicar al Patriarcado capitalista de nuestras mentes y corazones y ni qué decir de nuestras comunidades, sociedades y estados. Aún queda por delante un largo camino de esperanzas y miedos, de retrocesos y avances pero sí les digo que para seguir avanzando es necesario conocer el camino andado.  Sólo conociendo la historia de las luchas por la vida de nuestras antepasadas, podremos construir sobre sus bases. No se dejen engañar con historias falsas de que el feminismo ya no es necesario o que las feministas de antes no luchábamos contra el racismo, la homofobia, las guerras y el consumismo.  No se crean que ustedes son las primeras en descubrir la diversidad entre mujeres, la complejidad del género o la pobreza de la mayoría de nosotras como nos quieren hacer creer tanto los/las antifeministas como las/los feministas posmodernos. Las mujeres de hoy sabemos y disfrutamos muchas cosas porque nuestras ancestras lucharon por ello. Con equivocaciones claro, pero también con pasión y tenacidad. Gracias a ellas, ustedes las mayores del mañana y nosotras, las viejas de hoy, no sólo podemos apoyarnos las unas en las otras sino que además, contamos con teorías increíbles para fundamentar nuestras exigencias y sueños; experiencias que nos pueden guiar en nuestras nuevas luchas; leyes e instituciones con las que nos podemos más o menos defender y un movimiento feminista internacional y local al que nos podemos unir para hacerlo más cohesionado, más diverso y más poderoso.

Mi deseo más grande en este día es que todas podamos decir “gracias”. Gracias a todas las mujeres que me abrieron el camino, gracias a todas las que caminaron y caminan conmigo y gracias a las que seguirán caminándolo una vez que ya yo me haya ido.

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