En Myanmar, las mujeres se unen contra la discriminación de etnia y de género


Los grupos de mujeres de Myanmar se han unido con el fin de cuestionar una propuesta de ley en torno a los matrimonios interreligiosos que, de aprobarse, impediría que las mujeres budistas contrajeran matrimonio con personas que profesen otras religiones. En la práctica, esto se traduce en el impedimento de contraer matrimonio con personas que pertenezcan a otra etnia. De manera que dicha ley no solo coartaría las libertades de las mujeres; además, como argumentan los grupos de mujeres, alentaría la discriminación étnica contra la minoría musulmana de Myanmar, país de mayoría budista, la cual enfrentaría aún más violencia y odio que los que le ha tocado vivir desde que, en 2011, el país inició la transición hacia un gobierno no militar. En un taller realizado por JASS Sureste de Asia recientemente, varias activistas valientes que encabezan las impugnaciones al proyecto de ley comentaron que han sido llamadas «putas» y que enfrentan situaciones de violencia destinadas a acallar su fuerte oposición. A pesar de los riesgos en que se encuentran implicadas, han movilizado a más de 160 grupos de mujeres y de derechos humanos con el objetivo de firmar un pronunciamiento conjuntamente. En los últimos días, con el apoyo de JASS y de la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel, se han movilizado para obtener más solidaridad y visibilidad a nivel mundial.  

Manifestando su activismo vitalizado y unido, las mujeres de todo Myanmar se están acuerpando con el objetivo de realizar campañas en contra del proyecto de ley que coartaría los matrimonios interreligiosos. De aprobarse dicho proyecto, las mujeres budistas tendrán que obtener el permiso de sus padres y de las autoridades gubernamentales para contraer nupcias con hombres de otros credos religiosos y, en los hechos, con hombres pertenecientes a otras etnias. Por otra parte, la ley propuesta establece la aplicación de un castigo de diez años de encarcelamiento para aquellos hombres no budistas que se casen con una budista sin antes haberse convertido a dicha religión. Además de sancionar la discriminación con base en la etnicidad y de azuzar el odio étnico, este proyecto de ley —ostensiblemente dirigido a «proteger» a las mujeres budistas— reafirmaría su condición de integrantes de segunda en el ámbito familiar, restringiendo aún más sus derechos y sus libertades personales. Según relata Htar Htar, directora de AHAYA Women Myanmar, «En una rueda de prensa, un monje que habló a favor del proyecto dijo, ʻLas mujeres necesitan protección, porque no tienen cerebro’. » Htar Htar agregó, «…no es un asunto de religión. Esta ley constituye una violación a los derechos humanos».

Influencia del Movimiento Nacional Budista

El proyecto de ley mencionado es solo uno de los cuatro proyectos propuestos por el gobierno a petición de la Organización para la Proteción de la Raza, la Religión y la Fe —coalición de monjes nacionalistas que ejerce una enorme influencia política y social—, la cual desempeña un rol de carácter no oficial en el sentido de «proteger la raza y la religión nacionales» en Myanmar. Las recomendaciones formales propuestas por esta coalición al gobierno están apuntaladas por una petición de apoyo a dichos proyectos de ley que reúne más de un millón de firmas. Asimismo, se han propuesto otras leyes que contemplan la proscripción de la poligamia y la restricción del tamaño de las familias, medidas que, en opinión de algunos comentaristas, son dirigidas contra la población musulmana.  

Detrás de ello existe un poderoso movimiento nacional budista conocido como 969. Liderado por Ashin Wirathu, en 2012 este movimiento aumentó su influencia. Desde entonces ha fomentado la discriminación hacia los musulmanes a través de la realización de boicots a sus negocios y mediante el rechazo a los matrimonios interreligiosos, provocando con ello tensión y violencia entre musulmanes y budistas. Ese año, más de cien personas perdieron la vida y otras miles fueron desplazadas durante los motines ocurridos en el estado de Rakhine. Dicho movimiento, descrito por el periódico Straits Times como un «grupo neonazi», no solo ejerce influencia a nivel gubernamental sino que además cuenta con una creciente base de seguidores que se moviliza atizada por la intolerancia hacia los musulmanes y ante las tensiones religiosas y étnicas. Htar Htar comenta, «El movimiento 969 es muy fuerte. Dice tener la responsabilidad de proteger. Durante los últimos años ha construido los cimientos de todo esto, trazando sus estrategias para lograr sus objetivos mediante altas dosis de discursos impregnados por el odio». Con el fin de consolidar su propio poder político, el movimiento 969 ha sacado provecho tanto de su notable influencia en la opinión pública como de las creencias culturales, utilizándolas para realizar una campaña de educación unilateral respecto a la ley de matrimonios interreligiosos y a otras medidas discriminatorias.

Mujeres movilizan la oposición y levantan conciencia en las comunidades

A pesar de tener mucho en su contra, las mujeres se están uniendo para organizar la oposición a este proyecto de ley y pronunciarse a favor de la igualdad étnica y de género, así como a favor de la inclusión. Htar sostiene que se persigue el objetivo de «Formar a la gente e iniciar un diálogo en torno a esta ley y a sus posibles consecuencias e impacto de largo plazo, a fin de que las personas puedan decidir por sí mismas y no a partir de la propaganda».

En Myanmar, más de 160 grupos de mujeres y de organizaciones de la sociedad civil, entre ellas la red Liga de Mujeres de Birmania (WLB) que cuenta con una larga trayectoria fuera del país, se han acuerpado para movilizar un frente unido y de alto perfil, encaminado a derrotar la ley. Sus esfuerzos incluyen la preparación de un pronunciamiento conjunto y el lanzamiento de una petición en línea cuyo propósito apunta a la obtención del apoyo internacional. Asimismo, jass ha colaborado con la Iniciativa de las Mujeres Premio Nobel para preparar una declaración que tiene por objetivo apoyar el trabajo realizado por los grupos de mujeres para detener la ley.

Debido al importante rol desempeñado por los monjes budistas en la transformación de los corazones y las mentes, de manera inteligente las mujeres activistas se han asociado a prominentes monjes que se oponen a dicha ley. «Hemos empezado a aliarnos con ciertos monjes que se han dado cuenta de que no se trata de un asunto religioso, sino político. Algunos monjes budistas no se han  pronunciado abiertamente en contra de esta ley; sin embargo, ahora comienzan a abordarla en sus grupos», comentó Htar.

La labor de incidencia realizada por las mujeres para detener esta ley ha generado reacciones en contra. «Después de que difundimos nuestro posicionamiento contra este proyecto de ley, en sus declaraciones institucionales el movimiento 969 nos ha llamado traidoras a la patria porque no estamos de acuerdo con su afán de ʻproteger la religión’», dijo Htar Htar, quien, además, explicó que unas cuantas mujeres han recibido amenazas de muerte y agregó, «Nos acosan sexualmente en Facebook».

El movimiento de mujeres de Myanmar apenas se está conformando. En este sentido, aclara Htar, «El movimiento de mujeres acaba de arrancar. Esta ley ha creado un espacio y una oportunidad para que nos unamos y juntemos nuestras fuerzas».

Iniciativas de JASS para la construcción de movimientos en Myanmar

A partir de una serie de diálogos y talleres incipientes realizados entre 2009 y 2012 con el fin de construir relaciones y de llevar a cabo una evaluación, JASS Sureste de Asia impulsó una iniciativa de largo plazo orientada a la formación y al apoyo a los movimientos, destinada a propiciar una organización de base más fuerte, con liderazgos vinculados a la incidencia, en la que participaran mujeres de distintas organizaciones y regiones alrededor de Myanmar. El equipo de formación se encuentra integrado por mujeres de varias generaciones procedentes de Zimbabue, Indonesia, Camboya y Canadá. Quienes participaron en estos diálogos y talleres se dieron cuenta del ejemplo que puso el equipo en términos de su inclusión, su representatividad y su diversidad. Mai Sui, activista de Myanmar, comentó, «Al comenzar el evento de formación, me di cuenta de que las personas de jass eran diferentes —sus costumbres, sus colores y su comportamiento. Ustedes cuatro son totalmente distintas. Por lo que imagino que sus antecedentes, sus países y sus costumbres tienen que ser diferentes y que también sus creencias podrían ser diferentes. Sin embargo, veo que todas pueden trabajar juntas. Por ello, quiero saber: ¿qué prácticas las están impulsando a trabajar juntas? »

Credito de foto: APWLD

 

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