Mujeres encabezan las luchas para defender el derecho a la tierra


«Queremos que se respeten nuestros recursos naturales, nuestros cuerpos y que nos respeten a nosotras. Esta es nuestra lucha como mujeres indígenas y campesinas», declaró Ada Osorio, activista miskita por los derechos humanos en Honduras, durante las sesiones realizadas en la escuela de formación regional de JASS Mesoamérica. Tanto en México como en Centroamérica, las mujeres indígenas encabezan a sus comunidades en la lucha por  la defensa de sus territorios y sus recursos naturales, oponiéndose a los proyectos de extracción no reglamentados y a los acaparamientos de tierras realizados en nombre del «desarrollo». Trátese de las kunas de Panamá o de las mixtecas de la frontera México-Estados Unidos, las mujeres ponen en evidencia las injusticias cometidas a partir de la actividad minera y de la actividad de las empresas taladoras. Además, dejan al descubierto las políticas corruptas llevadas adelante por sus gobiernos, los cuales envían unidades policiales y militares a reprimir a las comunidades activistas.

En Panamá, las mujeres de una comunidad kuna encabezan las luchas realizadas para protestar contra la planta hidroeléctrica de Teribe, construida a orillas del río que durante años ha dado sustento a la agricultura y a otras actividades de este pueblo. Dado que a estas alturas la planta no puede ser desmantelada, la comunidad renegoció recientemente un acuerdo con la Empresa Pública de Medellín, Colombia, que beneficiará a las doce aldeas de la región. En este sentido, el pueblo kuna logró que se prohíba oficialmente cualquier intento que otra empresa hidroeléctrica realice para establecer su presencia en este territorio. Asimismo, ha solicitado al gobierno panameño el reconocimiento formal del territorio naso-teribe, con el fin de evitar que en el futuro se dañe a sus ríos y a sus medios de vida.

También en Guatemala, la comunidad de La Puya resiste al proyecto minero Progreso VII—sobre el cual nunca fue consultado—a través de la conformación de patrullas comunitarias que efectúan rondas durante las veinticuatro horas del día para evitar que la maquinaria pesada de la empresa ingrese a sus tierras. La directora de la Comisión de Derechos Humanos de Guatemala-EE.UU., Kelsey Alford-Jones, refiriéndose a la profunda organización y unidad en la comunidad de La Puya, comentó «Durante dos años las protestas en La Puya han simbolizado el poder de la resistencia no violenta». Mientras los hombres son quienes principalmente realizan las rondas comunitarias, las mujeres han ido asumiendo roles importantes en relación a la organización de debates, a la educación de las comunidades y a la autodefensa como un aspecto de esta resistencia no violenta. «Estamos en territorios estratégicos. Vivimos en territorios que no solo generan vida sino que además son codiciados. [Las empresas] están luchando por posesionarse de nuestros territorios. Nosotros también luchamos», dijo Lolita Chávez Ixcaquic, líderesa maya k’iche’, defensora de derechos humanos y cofacilitadora de la escuela de formación regional de JASS Mesoamérica.

El 23 de mayo de 2014, después de dos años de estar manteniendo un bloqueo pacífico, los activistas comunitarios fueron desalojados violentamente por la empresa minera Kappes, Cassiday & Associates de ee. uu., respaldada en esta acción por la policía de Guatemala. Este hecho ocurrido en Guatemala es similar a otros a los que se ven expuestas varias luchas de Honduras. En ambos países se ha generado un clamor público a favor de las comunidades, mientras que a nivel internacional se han realizado acciones solidarias organizadas por jass y otros organismos conjuntamente. En Guatemala, la confrontación continúa y las mujeres siguen estando en la primera fila de la resistencia, aun cuando deben enfrentar el acoso sexual.

En El Salvador, gracias al bloqueo realizado en la capital, San Salvador, contra la fábrica de Record Battery, las mujeres indígenas lograron impedir su construcción. Varias investigaciones determinaron que, de haberse construido, dicha fábrica habría tenido un impacto dañino tanto en la salud como en el medio ambiente. «Iba a contaminar nuestra agua y nuestra tierra», dijo Alejandra de la Asociación de la Mujer Salvadoreña. Pero, «Nos manifestamos, difundimos pronunciamientos e hicimos trabajo de concientización. Todo lo logramos gracias al acuerdo y a la participación de las personas que viven ahí». En este caso, las movilizaciones lograron detener la construcción de la fábrica, a pesar de lo cual las activistas saben que la lucha está lejos de haberse terminado y que por ello resulta necesario implementar estrategias más amplias que incluyan a comunidades y países que enfrentan retos similares.

Protección y resistencia colectivas

Dada la importancia que han adquirido las luchas de los pueblos indígenas encabezadas por mujeres, en 2013 JASS Mesoamérica decidió enfocar sus esfuerzos en Alquimia, su escuela de liderazgo y de construcción de movimientos. A través de la misma, se realizan cursos regionales para activistas y lideresas indígenas y campesinas en ciclos que comprenden periodos de dos años. A nivel regional, se da seguimiento a los seminarios mediante talleres realizados a nivel nacional, a partir de los cuales las mujeres comparten información y estrategias nuevas con sus comunidades. El curso brinda herramientas innovadoras que permiten comprender y responder mejor a las dinámicas de poder y los riesgos que conllevan, así como en relación a aspectos básicos vinculados a  la incidencia en derechos humanos y a elementos que resultan esenciales para la construcción de comunidades fuertes y liderazgos incluyentes. Además, el curso aspira a fortalecer el activismo de las mujeres y a construir redes para la incidencia, la solidaridad y la seguridad en defensa de los derechos y de los territorios, a la vez que revitaliza el espíritu de las mujeres con miras a un futuro mejor. La cofacilitación del programa está a cargo de un experimentado equipo de educadoras populares y de expertas en derechos humanos de jass, en el cual participa la conocida lideresa indígena Lolita Chávez, quien se ha integrado al mismo como facilitadora a fin de apoyar en la formación de sus hermanas que se encuentran en circunstancias similares.

Sin embargo, mientras tiene lugar el crecimiento del liderazgo palpable de las mujeres indígenas en sus organizaciones, se evidencia que no siempre sus familias y sus comunidades apoyan a estas mujeres directas y francas. Tomando en cuenta este contexto, el curso regional brinda una metodología integral destinada a prepararlas para hacer frente a los retos tanto personales como políticos que deberán enfrentar. Malena de Montis, co-coordinadora de Alquimia, señala: «Al compartir sus vivencias políticas y personales, las mujeres indígenas y rurales que antes no se conocían pueden reunirse en torno a una comprensión más profunda de las dinámicas de poder que se ponen en juego con la llegada de las empresas transnacionales, apoyadas por sus gobiernos, las cuales se disponen a explotar los recursos sin tomar en consideración en lo más mínimo las normas ambientales o de otra índole, todo en nombre de la creación de empleos y del ‘desarrollo’». Agrega Montis: «…para las mujeres, estos hechos representan  la ‘recolonización’ de sus países».

Crédito de foto: Guatemala Human Rights Commission