La fuerza política de una escuela feminista


*Helen Barrientos

En un espacio de conspiración y complicidad feminista, nos metimos a la aventura de poder comprendernos a nosotras mismas y lo que sucede a nuestro alrededor,  compartimos nuestros contextos y realidades, que aunque física y materialmente parezcan distintas están impregnadas de muchas cosas similares. Deconstruimos nuestras identidades y nos fijamos en cómo estas se entretejen, florecen, se opacan y resurgen sin tan solo avisar, pero allí están, listas para ser descubiertas y potencializadas. Eso  nos hace más sensibles ante la subordinación que, de una u otra forma,  todas somos parte. La afirmación de una con otra a través del reconocimiento de nuestras realidades; la personal, familiar, la cultural, la política y hasta la económica lo hacemos a través del florecimiento de las emociones que “dejamos salir”.  Nos dimos permiso de llorar, reír, enojarnos y alegrarnos también, por esa realidad compartida, por esos vínculos humanos, capaces de sacudir nuestras más aferradas creencias. Por lo mismo, nos invita a construir  futuros y presentes, nuevas definiciones y conceptos sobre nosotras mismas y  las luchas que compartimos, para hacerlas   más significativas, buscando redefinirnos, cuestionándonos y sobre todo queriéndonos. Modelamos así nuevos y apasionantes desafíos a partir de las reflexiones y la direccionalidad del abordaje temático tratado en este espacio de creación y construcción y deconstrucción de saberes.

Cada vez que estos eventos suceden, cada vez que nos reunimos con la finalidad de celebrar otro acontecimiento más de la Escuela de Alquimia Feminista, algo pasa. Cuando los países de la región a través de sus activistas, lideresas, feministas comunitarias se unen, algo pasa. Lo que sucede es que se juntan sueños y  esperanzas combativas, para idear un mundo mejor, un mundo en donde la justicia y la paz sean el pan de cada día, en donde las mujeres seamos libres en todos los ámbitos en que nos desenvolvemos, en donde tengamos la seguridad de poder luchar por las causas que queramos y nada ni nadie, atropelle nuestro derecho a luchar, a sentir y a exigir. La fuerza política de una escuela feminista permanece en el tiempo, nos permite conspirar, reconocernos, sentir, crear y hacer nuestro el espacio. No estamos juntas todos los días, pero ya aprendimos a referirnos, a valorarnos, a encontrar los puntos en común de nuestras luchas, de nuestros saberes y de nuestros sueños. Al otorgar valor a estos aspectos, es decir poniéndolos en el centro de nuestro espacio privilegiado de construcción feminista, estamos cambiando el mundo, y eso es revolucionario, ya que el sistema nos quiere aniquilar, quiere que no tengamos espacios para el disfrute y el goce con la plena conciencia de aprender juntas. Cada vez que las alquimistas nos reunimos, cada vez que las alquimistas pensamos y sentimos un mundo mejor, estamos haciendo revolución.

*Coordinadora de Alquimia.